Este blog, en contra de lo inicialmente pretendido, ha acogido diversas intervenciones motivadas por el deceso de personas que bien nos han acompañado profesionalmente en nuestro ámbito más próximo (J.R. Apalategi, Iñigo Oyarzabal, “Xaldibi”…) o bien han formado parte (también) del circulo de afinidad y amistad personal del que escribe estas líneas.

Hoy lo tengo más fácil y a la vez más difícil. Fácil, porque no hay nada que excite más el ánimo de escribir, de comunicar, de exteriorizar lo que uno siente, que la pérdida de alguien extremadamente cercano, próximo, compañero, amigo, que con sus “ocho apellidos vascos” idénticos a los míos ha vivido a mi lado (y yo al suyo claro) durante 62 años de los 68 que yo llevo respirando en esta tierra.

Fuimos siete hermanos. De los 6 que sobrevivíamos ha caído Txomin, con una entereza que me gustará poder tener cuando llegue mi hora. Con las ideas muy claras tras un último año en el que con un diagnóstico que no ofrecía dudas respecto de su inexorabilidad, dejaba claramente establecido y compartido con su familia más directa su deseo de no prolongar días sin calidad y de sufrimiento inútil y evitable. Expresar pues emoción en este lance es la parte fácil del guion.

Más difícil se me hace, creo, hablar de Txomin en su trayectoria profesional, en la que puedo recordar que juntamos nuestros esfuerzos, intuiciones e iniciativas hace nada más y nada menos que 40 años. Estoy hablando de que yo tenía 27 años cuando tuve oportunidad de provocar su incorporación al proyecto GUREAK, allá en sus albores de 1977-78, cuando con sus 21 años se remangó (no había otra) y sumó su energía y dinamismo a la búsqueda de soluciones para aquel proyecto entonces imposible de generar empleo y atención a personas con discapacidad intelectual en Gipuzkoa.

No lo hizo de cualquier manera. Era más leader que lacayo. Encontró su propio espacio, su nicho de acción, su escenario de crecimiento. Cuando alguna dificultad pedía repliegue reforzaba más el esfuerzo comercial trasladando esa exigencia a su entorno. Y como el cuerpo le pedía cancha, fue con él con quien montamos la primera filial (antes ya estaba dando los primeros pasos en lo que ha terminado siendo Gureak Zerbitzuak) con el nombre de GUPOST PUBLICIDAD DIRECTA que partiendo de trabajos auxiliares para entidades financieras (Kutxa, CLP, Bancos) se convirtió en un agente competitivo en el diseño y gestión de publicidad, distribución postal… etc., llegando a tener hasta 15 empresas pequeñas (centros especiales de empleo) franquiciadas en el estado. Luego llegarían los cambios en el sistema financiero español, en la modificación del sistema de franqueo monopolio de Correos… etc. Pero siempre la mirada al frente incitando a sus colaboradores a hacer, crecer, y a superar obstáculos.

No quiero decir que fuera el último mohicano por su estilo de dirección con gran carga personal, pero sí entiendo que cuando se habla de “emprendimiento”, término hoy en día muy en boga en todas las escuelas de “management” y discursos de los gurús de la economía, se olvida con demasiada frecuencia la figura del “tractor” personal, del que “hace camino al andar”, del que dando un paso al frente abre camino, explora negocios, busca cómplices y aliados, es decir del EMPRENDEDOR que puede también generar incomodidad porque cambia el paso de la organización a la que pertenece.

La pregunta para la organización, para la empresa, será cómo formalizar y fortalecer la estructura de la empresa con el aprovechamiento de la singularidad personal del que se atreve a intentar viajar un tanto a su aire. Pero eso lo dejamos para otro día.

Vuelvo a lo fácil, a lo irremediable, a lo que ahora mismo me envuelve en mis sentimientos y emociones, a lo que me exigirá sobremanera en los próximos días y semanas de gestión del duelo, de llorar para dentro más que para fuera (me conozco), de acompañar en mi torpeza a mis sobrinas, cuñada, hermanos (fuimos siete en cinco partos, pasamos a 5, un hijo por parto) y muchos/muchas compañeros/as de trabajo.

En definitiva, la vida misma en la que nadie nos enseña que el final es tan vida como el propio nacer.

AGUR TXOMIN.

Bizitzaren zenbait pasadizo elkarrekin bizi ostean, txapel bat buru bila jarri dezu hegan eta haren estalpean jardun beharko degu aurrera begira zure oroimenarekin utzitako hutsunea betetzen.