Aunque toca dar la bienvenida al nuevo año 2019 (y desearos felicidad a todos para el mismo), no puedo evitar hacerlo desde la impresión personal de que se trata de un año de transición hacia ese número más redondo como es el 2020 que nos espera ahí mismo. Y puestos, ahí van unas notas.

  1. Transición hacia “algo” parece ser el contexto de incertidumbre política que nos rodea, sin saber muy bien si ese algo devendrá en algo mejor, más justo y equilibrado, o si seguiremos cayendo en la miseria de la mediocridad, de la búsqueda de éxitos rápidos y renuncia a conceptos más permanentes como el del “bien común” y el acceso más equilibrado y mejor repartido del bienestar social.
  2. También en las empresas y en todo tipo de proyectos organizativos seguiremos oteando el horizonte tratando de detectar si de verdad se acerca o no la primera ola del próximo “tsunami” en forma de nueva crisis económica, justo ahora cuando recién estamos saliendo de la que nos arrasó a partir del 2008 con su deriva de precarización de las condiciones de vida de mucha gente.
  3. En el 2019 que iniciamos, nos tocará experimentar nuevas maneras de acompañar a algunos de nuestros clientes en sus desarrollos internacionales yendo incluso de su mano en implantaciones físicas en países con otras circunstancias, reglas y cultura. ¿Seremos capaces de hacerlo fortaleciendo a la vez nuestra territorialidad primigenia? ¿Y también de continuar con nuestra filosofía e identidad de convertir en puestos de trabajo para personas con discapacidad las oportunidades que en nuestras transacciones comerciales nos surjan en el ancho mundo?
  4. La Sociedad a la que pertenecemos y en la que estamos inmersos continuará acreditando su debilidad estructural cuando nos sigan dando datos de pérdida de población por los descensos sostenidos de la natalidad y cambios en los mapas de promedio de edad donde cada vez se ve con más claridad la necesidad perentoria de seguir “importando” esas manos que completarán puestos de trabajo en la industria y servicios, pero que también serán manos que cuidarán de nosotros en nuestra vejez, en nuestras inevitables situaciones de dependencia, y contribuirán con sus cotizaciones al sostenimiento de nuestro sistema de prestaciones. ¡Qué gran mentira la de pensar que cerraremos las fronteras! Como mucho idearemos sistemas de cribado, filtro y selección, que al fin y al cabo también el mercado aplica de alguna manera a los autóctonos según le conviene al sistema (o a su intérprete).
  5. Seguiremos familiarizándonos con los “cobots” (robots colaborativos) y la robotización en general y adivinando si nuestra interacción con estos artilugios enriquece a las personas o lo contrario, si mejora el empleo o lo reduce y sustituye. Es el futuro, pero ya presente, en esta transición que nos toca en el 2019, y se trata de un tema bien sensible para las oportunidades laborales del tipo de persona que empleamos.
  6. Y estrenamos el año con nuevo salario mínimo de 900€ al mes (12.600€ año). Quienes no dijeron nada cuando el rescate bancario en el Estado supuso un coste para los ciudadanos que ahora se cifra en 40.000 millones de euros, se llevan las manos a la cabeza por una subida que se les antoja excesiva. Pero la respuesta a la pregunta de si se puede vivir con dignidad con 900€ al mes parece obvia y me la ahorro. Otra cosa en pensar en los ajustes que toca hacer en las empresas y en la economía, así como en los presupuestos públicos, para que la aplicación de este nuevo “listón” no descomponga empleos de bajo valor añadido que deberán seguir siendo objeto de protección y ayuda.

Tenemos en cualquier caso todo un año para tratar este y otros temas, pero hagámoslo desde la confianza de llegar al 2020 con una buena gestión de la transición en el 2019.

Suerte a todas y a todos. URTE BERRI ON!