Me pongo delante del ordenador  para tratar de expresar tanto sentimientos como razonamientos en un día verdaderamente aciago en la historia de mis relaciones personales, en la intrahistoria de la organización en la que durante décadas acumulamos dedicación profesional como es GUREAK, y en nuestra posición cósmica que no nos hace fácil entender por qué suceden repentinamente estas cosas.

7´30 de la mañana. Suena repetidamente el móvil con una llamada de una compañera del equipo de dirección para decirme “Iñigo Oyarzabal hil da…” (Iñigo Oyarzabal ha muerto). No me lo puedo creer. Mis seseras no están suficientemente despiertas y abiertas para semejante  y brutal choque. Una persona, un compañero de fatigas durante 28 años que en sus últimos ocho me reemplazara en el cargo de director-general de GUREAK ha fallecido repentinamente tras una ruptura de sus constantes vitales.

8´30.- Acudo a la sede de las oficinas centrales de GUREAK, y sin mediar palabras con nadie accedo al despacho del causante (ubicado post reforma donde yo tuviera el mío). No hay aire para respirar. Sí hay congoja, lloros contenidos, algunos felizmente expresados, miradas cruzadas con las que compartir incomprensión. “no me lo puedo creer” es la frase que con más reiteración he pronunciado, escuchado y compartido.

Cómo entender que una persona, compañero nuestro, nos abandona con 53 años, en lo mejor de su trayectoria personal y profesional, con los “deberes” bien cumplidos y así reconocidos, en puertas de disfrutar de unas vacaciones bien ganadas, hombre de vida saludable, deportista, y que mantenía ese equilibrio enriquecedor entre los objetivos sociales y empresariales en GUREAK.

“No me lo puedo creer”

 16´30.- Nos encontramos compañeros, familiares, amigos, representantes institucionales, y en definitiva  gente con nombres y apellidos y ojos llorosos que no podemos sino compartir la incredulidad, recordar la empatía que generaba a su derredor y tratar de consolar a los familiares más directos que en muchos casos estaban más enteros que nosotros.

Mañana (por hoy) será otro día. Su incineración situará su ubicación en un espacio más indeterminado, menos físico, menos concreto, y nos llevará a ensayar otras maneras de recordar, de sentir, de no olvidar.

Querremos (amaremos) seguro que aún más a la que ha sido su pareja y esposa(también compañera de trabajo en GUREAK) y a sus 2 hijos que no sé cómo podrán entender lo sucedido. Daremos forma a un relato de cuáles eran sus cualidades, qué cosas hicimos juntos, qué oportunidades dejamos pasar de largo. Idearemos algún homenaje, alguna iniciativa que nos haga sentirnos grupo, comunidad, equipo.

Pero yo lanzo ya mi primer homenaje al que fuera mi amigo, mi compañero, mi sustituto, mi continuación en el tiempo ahora vuelto del revés por el determinismo que nos envuelve.

La mejor manera de homenajear a nuestro coordinador general, al perseguidor de objetivos, al que nos recordaba cuántos escalones nos quedaban pendientes para el próximo período, es la de remangarnos, acudir a la cita puntual del trabajo en cada puesto con el ánimo de aportar valor, y desde ya cubrir su vacío con la alegría de saber que lo que más le hubiera gustado pensar es que en su insospechada ausencia los que seguíamos en activo manteníamos intacta nuestra ilusión por el cumplimiento de la “misión”, actuábamos con diligencia en la consecución de objetivos, y nos seguíamos empleando en una empresa capaz de ser a la vez “amable” con todos los implicados y “sostenible” por competitiva como le gustaba decir a él.

 

IZAN DEZALA ATSEDEN.

DESCANSE EN PAZ-