Rezaba así un cartel expuesto a la entrada de un centro de promoción laboral de personas con discapacidad que tuve oportunidad de visitar en el arranque del año en la localidad mexicana de Puebla (“Heroica Puebla de Zaragoza” para más señas).

TODA DISCAPACIDAD ES ADMISIBLE EN ESTA EMPRESA MENOS LA FLOJERA

Se trata de hecho de una empresa de nombre CINIA que tiene empleadas unas 300 personas con capacidades diversas y cuyo objetivo es idéntico al que perseguimos en GUREAK. Convertir en actores de la economía local mediante su trabajo a personas presuntamente condenadas a la exclusión social por su discapacidad.

Nada de particular, salvo que el reto es asumido en un contexto de graves dificultades económicas en un País, enorme para nosotros con más de 122 millones de población e ingentes carencias en salud pública, asistencia social y otras necesidades primarias aún por cubrir.

En ese contexto es fácil entender (no sé si de aceptar) que el Estado tiene otras prioridades antes de enfrentar el problema de necesidad de trabajo para personas con discapacidad, lo que convierte en ímprobo el esfuerzo de una organización que pretende lo casi imposible sin ninguna ayuda pública que apuntale y defienda lo que se va haciendo.

Me viene a la memoria que cuando algunos inspirados, voluntariosos y diría que visionarios lanzaron la iniciativa de constituir GUREAK también lo hacían en un contexto de dificultades propias de lo que se calificaba de “país en vías de desarrollo” y sin acceso garantizado a ninguna ayuda pública (no las había de hecho). Es cierto que la proximidad a Europa (entonces se decía que Europa empezaba en los Pirineos) invitaba a pensar que algún contagio en positivo se obtendría de esa vecindad y que algún día la protección social del estado español (no existía aún Euskadi como Comunidad Autónoma) empezaría a emular a nuestros vecinos (aunque lejanos) del Norte de Europa y sus “estados de bienestar” (Welfare State).

Lo cierto es que tanto en México como en su día entre nosotros todo arranca de la “visión” de alguien que detecta una necesidad real (la familia es la primera), se atreve a organizar unos medios materiales con ayuda de algún “mecenas” privado, y lanza un proyecto “empresarial” con el que conquistar a los primeros clientes que puedan empezar a consumir el producto de esas horas de trabajo (disponibilidad para esto sí que sobra y sobrará en el mundo).

Aquí y allí. Crear empleo es la consecuencia de producir un bien o un servicio para alguien. No hay más. O esto o retórica reivindicativa (que también tiene su espacio y su tiempo en la evolución de las cosas). Y mantenemos cierto compromiso con el buen fin de aquel proyecto porque no en vano en sus inicios hace unos 15 años tuvieron como referencia lo que hacíamos en Euskadi (GUREAK) y lo que tratábamos de consolidar en León con la empresa SOLTRA.

En esta coyuntura nuestra colaboración quiere aportar una búsqueda de mayor valor marginal en los trabajo que se desarrollan, eficiencia en el uso de los recursos, políticas de calidad que garanticen el cumplimiento de los estándares de exigencia que nos hagan competitivos, y una estrategia de captación progresiva de clientes a los que además de proveer de los productos que necesitan se les brinda la oportunidad que muchas veces sí valoran de exhibir su compromiso y responsabilidad social como parte de su entramado corporativo.

Poco podremos hacer, pero en el inicio del año pudimos abrirles la puerta de una multinacional del sector automoción para la que trabajamos en España y que apuntó a confiar trabajos diferentes que supondrían al menos 50 puestos de trabajo en el parque industrial de Volkswagen de dicha metrópoli mexicana.

Así hemos crecido aquí hasta los 5000 personas empleadas, y así tendrá que ser el desarrollo en aquellas tierras, salvo que habiendo llegado la era TRUMP todo se le complique aún más a aquel País que ya parte de una posición de subordinación al gigante americano.

Malos vientos para el equilibrio social. Malos aires para luchar contra la desigualdad. Pero vistas las necesidades no nos queda otra que insistir en lo nuestro, abriendo nuevas oportunidades para el que lo necesita. Y eso se hace como rezaba el cartel, SIN FLOJERA, sin pereza. Insistiendo de manera permanente en el tiempo de manera inteligente en la búsqueda de la sostenibilidad de lo que se construye, incluso cuando no hay ayudas públicas para facilitar la proximidad al resultado.

Contra pereza… diligencia. Así nos enseñaron cuando vestíamos de corto, y ante FLOJERA, supongo que será lo mismo. Acción, trabajo, constancia, e inteligencia para no consumir energías en balde. SUERTE !