Ahora resulta que los problemas estructurales de la economía, no sólo los coyunturales, dependen de que llueva o no en el momento oportuno y en la medida suficiente. Hete aquí que la subida de precios de alguno de los productos básicos (energía p.e.) se solucionará pronto “porque va a llover”.

Es como volver a aquello de que no hay nada que hacer, mirar al cielo y esperar que se abran las nubes previo oscurecimiento de las mismas. O sea que ¿no dependen ya los precios de esas estupendas fórmulas polinómicas y algoritmos con los que se terminan calculando de manera automática las fluctuaciones de costes que afectan directamente a la vida los ciudadanos arrastrando incluso a la miseria energética a miles y miles de ellos que no podrán alumbrar y calentarse con luz eléctrica pero que tampoco podrán hacer una hoguera  con maderas que puedan encontrar por el camino porque en los habitáculos urbanos donde moran no existe tal posibilidad?

Lloverá. Mi progenitor (q.e.p.d) solía repetir que “a las rogativas hay que ir con paraguas, hombres de poca fé”. Se cree o no se cree. Si confiamos en lo que nos dice el gobernante de turno, salgamos a la calle preparados para el aguacero porque es seguro que lloverá.

Si no somos (o hemos dejado de serlo) hombres de fe, mejor recapacitemos sobre cómo funciona esto del gobierno de la polis y hagamos algo para que les sea más difícil tomarnos el pelo. En la edad media sí dependía la vida de millones de ciudadanos de la vieja Europa de que la cosecha de trigo y otras fuera buena. La peste, la fiebre amarilla, podía diezmar la población. Y cuando de regular la demografía se trataba, para eso estaban las guerras que nunca llegaron a matar tanto en toda la historia de la Humanidad como en el siglo XX.

Tranquilos que lloverá. Pero también pueden llover bombas, bombas y guerras que generan movimientos migratorios esperpénticos, desgarradores, inhumanos. Llega un nuevo gobernante en la élite política mundial y en lugar de mirar al cielo  (por si llueve) mira en horizontal para intimidar al mundo mundial diciendo que va a hacer un muro que les separe a él  y otros con mucho poder que elegirá para sobrevivir,  del resto de mortales más pobres, más morenos, más necesitados que le estorban.

Porque él ha debido de ser “elegido” y “ungido” para construir esa nueva Arca, que por cierto pagaremos entre todos los que quedaremos fuera de la élite llamada a sobrevivir, llamada a hacer perdurar de manera selectiva la continuidad de la especie humana conformada de acuerdo a los cánones que dicta el interés más obsceno e indisimulado de cuantos hayamos conocido hasta el presente.

Miremos sí al cielo. No sé si para pronosticar las próximas lluvias o para encomendarnos a ese Dios en mayúscula o a esos dioses de todo género dispersos por la mitología, creencias y la cultura mundial del amplio abanico de países y colectividades que conformamos en la esperanza de que la gobernanza mundial pueda tratar de recaer en mujeres y hombres honestos y con tendencia a ser justos como único antídoto ante el disparate que a bombo y plantillo y record de audiencias en los medios de comunicación nos anuncian.

Organicemos nuestro necesario autorescate. No nos queda otra-