Es la expresión de una amona, amama, abuela, avia… que en su mundo de pérdida de consciencia continúa imaginando que los “jóvenes” o mejor “los niños” de su familia vienen a visitarla a su casa, le saludan, se le agolpan, y tras las carantoñas de rigor se van despidiendo agitando brazos y gestos y diciéndole “agur amona…!!!.

Y así hasta la visita próxima, ya real o ya imaginada. Agur… y el gesto, señalando el labio, de un beso que se suspende en el aire de la habitación en la que transcurre la vida de esta persona, de edad avanzada, que sigue siendo su hábitat cada vez más reducido en el que la no movilidad va cambiando metros de superficie por recuerdos sensaciones y vivencias en una ensoñación en la que la recreación imaginada se va agrandando sin más límite que el que la imaginación y la pantalla del televisor le sugieren.

Agur amona…!!! Con el fondo de la habitación llena de fotos de la familia y la “caja tonta” (TV) como puntos del horizonte donde se despiertan estímulos que ayudan a recrear sus recuerdos, su cabeza convierte todas las figuras humanas que se le presentan (las de las fotos encuadradas y las que tienen movimiento en la pantalla del televisor) en “todos esos son de la familia”. Niños, mayores, individuos de todas las edades y estilos, participen en una película de vaqueros o se presenten en un serial de amores y desamores con acento latino, “todos son de mi familia”.

Así en ese mundo más virtual que real transcurre la vida de una persona que tiene todos los estímulos en un cuadro de 12 m2 a lo sumo, a la que no le duele nada, ni tan siquiera el alma porque se da por querida, amada y atendida.

Pero la vida sigue, y ésta persona que me inspira que tiene 94 años y que es, ya me ha costado decirlo, mi madre (“nere ama”), la bisabuela de mis nietos y nietas, la “amona” de mis hijos, ha sido beneficiada con la concesión de una plaza en una residencia para mayores cerca de su domicilio donde recibirá esa atención especializada que cada vez se antojaba más difícil de conseguir en su domicilio particular.

Cuesta, da pereza, tomar una decisión de este alcance, pero conociendo la calidad de los servicios en centros gerontológicos que se ofrece en nuestro entorno en ese tipo de plazas concertadas con el servicio público de atención a la dependencia, no tengo ninguna duda de que mejorará la ya buena atención que se le dispensaba en su domicilio por parte de una persona, cómo no inmigrante latina, que la ha atendido como interna en estos últimos 7 años.

“Vuestra madre ha tenido un bajón…”, “ya no puedo yo sola para algunos movimientos…” en definitiva dependencia in crescendo porque el proceso biológico no perdona.

Cualquier día de éstos, a media mañana, saldrá de paseo conducida en su silla de ruedas hacia su nuevo destino. Recrearemos su nueva habitación con referencias que le sirvan para alimentar recuerdos, vivencias, rebobinar su propia existencia. Trataremos de que siga viendo a todos sus hijos, nietos y parientes aparecer sucesivamente en la pantalla del televisor, además de las visitas que se programen. “Esos son…” “ahí están”… hasta que la sucesión de películas, visitas, rememoración de canciones toque a su fin; ese fin cercano y a la vez lejano que llegará cuando sin mucho ruido la historia cierre las páginas de un libro escrito a sangre y fuego, con guerras civiles por medio, con racionamientos, con billetes de la República aún sin cambiar porque eso significaba claudicar, criando y educando a 7 hijos (ninguna hija como consuelo) de aquella manera en la que no sobraba nada, y que ahora ya no sabe escalonar entre quiénes son hijos, quiénes nietos, quiénes los que se enfrentan a los “malos” de la película.

“Agur amona…” Dan ganas de organizar una charanga para acompañar el traslado a su nueva habitación, a su hotel de pensión completa con servicios médicos y sanitarios añadidos. Porque la buena noticia a celebrar es que en esta postrera etapa de su vida seguirá estando cuidada como una “reina” disfrutando de ese sistema público de atención a la dependencia del que nos hemos dotado. “Que no nos lo toquen… que no nos lo quiten…”, el sistema, porque ha costado mucho construirlo y no vamos a dejar que esta protección decaiga.

Agur amona… Agur.