Me remonto en mis recuerdos para rescatar cómo eran nuestras cosas de GUREAK allá en la segunda mitad de los setenta (recién fundada la empresa en 1975) y cómo nos las empezábamos a arreglar sin medios, sin estructura, y sin que se supiera bien hacia dónde y cómo había que ir. Siendo yo ya gerente de la empresa con mis no muy bregados 27 años y tras un primer año de gestión en el que no contábamos ni tan siquiera con un contable que nos pusiera en claro qué cobrábamos, a quién y quién nos debía y cuanto teníamos o mejor no teníamos para pagar la nómina (exigua) a fin de mes, nos atrevimos a tomar una decisión que suponía elevar el gasto de estructura (qué osadía!) y convocamos un proceso de selección para incorporar un contable (luego financiero) a plena dedicación. Una persona de nuestro entorno al tanto de la situación me comentó que me podía presentar un candidato al puesto, que era de confianza, y que se trataba de una persona de “gran talla”.

El día de la cita con este candidato, algo así como a las 3 y pico de la tarde de un día de finales de verano de 1977, atendí a la llamada del timbre de la oficina entonces en precario en la actual calle Easo de Donosti y tuve que corregir cuando abrí la puerta mi gesto y mi mirada porque a corta distancia me encontré de repente con un hombre corpulento que enseguida supe quién era y cuánto medía, 2’10 de altura, y tuve que aprender a orientar mi mirada más para arriba de lo acostumbrado para encontrarme con los ojos de este hombre de “gran talla”.

Se trataba del que en poco tiempo llegara a ser mi (nuestro) buen amigo Shegun más allá del excelente desenvolvimiento del quehacer profesional ordenando cuentas y poniendo las bases de lo que en poco tiempo empezó a ser el sistema contable de GUREAK. No se trataba sólo de contabilizar lo que se movía, sino que la cercanía con los asientos contables se erigía en un mecanismo de control absolutamente necesario en todos los sitios pero inexcusable allí donde los recursos son más escasos e inciertos.

Amigo Shegun. Qué maravilla recordar que un día repasando las cuentas por uso de los primeros teléfonos móviles indagaste un cargo que te chocó y que correspondía a 50 y tantos minutos de conversación con un teléfono que se veía en el recibo de telefónica arrancaba con 968 y extrañado me preguntaste si yo había hecho ese consumo o si era un error. Efectivamente era extraño por larga la conversación pero sí coincidía con una persona de Cartagena con la que me tocó lidiar algún debate en Madrid. Y me dije a mí mismo, “vale Shegun”, porque si así controlaba los gastos del gerente también estarían bien revisados los gastos del conjunto de la organización que fue poco a poco creciendo.

Tampoco era tan fácil pero en 1979 conseguimos unas cuentas auditadas por un experto autorizado y así hemos seguido hasta hoy 36 años más tarde pasando la fiscalización de distintos auditores de todas nuestras cuentas y asientos contables. Ahora parece normal y obligado, pero entonces no lo era.

La talla entendida como la estatura te permitió moverte en la élite del baloncesto entonces incipiente en España, y pudiste disfrutar exhibiendo tu potencial en Bilbao, Vitoria y Barcelona además de ser elemento vitar en el Atlético San Sebastián primero y Askatuak después en tu siempre querida Ciudad de San Sebastián.

Pero la talla que fichamos para GUREAK no tenía que ver con los centímetros que nos obligabas a girar el cuello siempre para arriba para poder dialogar en un gesto sostenible. La talla de las personas es esa suma de virtudes, valores, capacidades, dedicación, honestidad, franqueza, productividad etc…que se demuestran en el día a día y que en nuestro caso sirvieron para ir dando forma, rendimiento y control a una organización que estaba obligada a crecer y en la que algunos asumíamos otros roles desde la seguridad de que la casa estaba gobernada, controlada, administrada.
Aunque teníamos información cercana del proceso de enfermedad que iba anunciando un fatal desenlace en un plazo breve, ha sido hoy 1 de diciembre cuando junto con otros compañeros del equipo de dirección me desplazaba a Bilbao a recibir un premio por nuestro perfil de “Emprendedor Social” que otorga anualmente Ernst & Young (ahora EY) hemos recibido la llamada que nos confirmaba que tus días con nosotros habían llegado a su fin y que tendríamos que empezar a habituarnos a “no verte” por Donosti como era fácil hacer en cualquier paseo por la Parte Vieja Donostiarra.

Agur Shegun. La verdad es que aunque son ya cerca de 10 años los que llevabas jubilado de tu trabajo con nosotros, sigue habiendo un “aire” en el actual departamento de contabilidad y financiero de nuestra empresa que sigue teniendo ese estilo y cultura que supiste dar a tu trabajo y que heredaron mejorándolo los que aprendieron contigo. Ahí queda eso para la historia, quizás como activo inmaterial que no transciende pero como algo que forma parte de nuestros cimientos.

Hablo de GUREAK porque es donde se ha cruzado toda nuestra relación durante muchos años buenos y otros no tan buenos, pero si hablara en el plano personal tendría que decir alto y claro que personas como tú son las que me han permitido ser lo que soy en el modo de conducirme en mi responsabilidad directiva. Aunque sea más espectacular meter un triple en el último suspiro de un partido, con nosotros tu trabajo ha sido más sordo, lejos de las miradas del graderío y permitiendo que otros como yo luciéramos los éxitos conseguidos entre todos.

Por eso el premio que hoy he recibido de manos del Alcalde Bilbao te lo dedico con todo el afecto y lo comparto con los que continúan con la labor que de alguna manera iniciaste, iniciamos.

AUPA SHEGUN.