¿Ganas de qué?  Por ejemplo,

–         De mandar a freír puñetas a los responsables de este marasmo en el que nos tiene ocupados la clase política española. ¿Se nos ha olvidado de golpe que sigue habiendo más de un 20 % de la población en paro? ¿Hemos perdido nuestra sensibilidad por las dificultades para llevar una vida digna de muchos de nuestros conciudadanos? ¿Sólo leemos el “marca” como se jacta de hacer alguno de nuestros máximos próceres?  ¿No importa que hayamos vaciado la hucha de las pensiones? ¿O que estemos en una espiral de incremento del déficit público que no conduce más que a la postre a endeudar a futuras generaciones por lo mal gastado y utilizado por nosotros?

–         Cambiar de aires. Probar a que nos invadan los habitantes de algunos de los países del norte de Europa con su cultura, con su conciencia de equilibrios sociales, con su sentido de la contribución más justa a los recursos públicos y a su efecto redistributivo. No nos vendría mal un baño de conciencia ciudadana con tiempo suficiente como para que fuera calando en nuestra manera de pensar y conducirnos, todo ello sabiendo que en “todos los sitios cuecen habas” pero a lo mejor nos fuera bien un cambio de receta al cocinarlas.

–         Ganas de “desconectar”.  Los que tenemos (me incluyo) la manía de seguir las noticias, los medios con alguna de sus “tóxicas” tertulias, vemos cómo se va reduciendo irremediablemente nuestro cociente intelectual en proporción directa al tiempo que perdemos escuchando todas esas “verdades” de unos y otros que nos ocultan con su irrespirable humareda todo el juego sucio que se practica en los centros y aledaños del poder, del ya constituido y del que es objeto de deseo para los que no lo disfrutan y quieren optar a él. Hay quien desconecta ciñendo sobre su cabeza unos preciosos auriculares que reconocidos por el Smartphone omnipresente nos traslada a un espacio sideral alejado del mundanal ruido donde el reino de la música nos acoge con su amabilidad o con su estridencia y ritmo (hay para todos los gustos). También hay quien sueña, y desde su razón, con esa desconexión anímica, desanexión política, difícil de aprehender, que se sustentaría en un abandono de las actuales estructuras del Estado y su entramado jurídico-legal para recrear “ex novo” una  nueva realidad nacional “a su manera” confiando en que le irá mejor.

–         Ganas. ¿No tenemos acaso “ganas” de dejar de ver esas imágenes de bombardeos sobre población civil que se dan en tantos sitios del mundo, con la sucesión de migraciones de cientos de miles de personas hacia países que de la solidaridad y el asilo están pasando a ser los más eficaces y eficientes constructores de barreras físicas, alambradas múltiples y reforzadas, campos de “concentración” porque no otra cosa son esos campos donde se concentran refugiados de todas las edades?

–         Y si fuera por ganas, ¿qué nos gustaría hacer con todos esos declarados corruptos que se nos han reído a la cara, y lo siguen haciendo, exhibiendo su comportamiento sin escrúpulos como un juego en el que los nombrados por el “dedo divino” tienen el derecho a servirse de “lo nuestro”, “de lo de todos” a su antojo con la complicidad manifiesta de los órganos de control que nos debían de hacer amparado?

–         ¡Ay! De verdad que dan ganas de… ¿Y los que eluden pagar impuestos por sistema? ¿Tienen derecho a disfrutar de los bienes de la comunidad aunque no hayan puesto un euro para ello? ¿Les donaremos órganos como a cualquier ciudadano? ¿Tendrán a su disposición los bancos de sangre que mantenemos voluntariamente? ¿Usarán gratuitamente nuestras carreteras, nuestras infraestructuras?

¡Ay! Si fuera por ganas. Lo que sucede al final es que al menos nos queda el derecho al pataleo, al desahogo (sin necesidad de ir al baño), pero también nos entra la “desgana” por lo difícil que se ve poder cambiar la situación. Todo lo que nos rodea está tan interrelacionado, interconectado, se ve tan difícil construir algo diferente y que no esté contaminado por todo eso que no nos gusta que hay que hacer verdaderos esfuerzos, y todos los días, para no caer en la desesperanza, en la desilusión, en la desgana inmovilizante.

Pues nada. Aunque nos las quiten, animémonos como buenos ciudadanos,  recuperemos esas ganas de hacer, y enfoquémoslas al bien común que es quizás el único estandarte al que ahora mismo me adheriría.

Si fuera por ganas…