Después de toda una vida (más de 40 años) con dedicación profesional a la mejora de las condiciones de vida de personas con discapacidad, con origen y preferencia en la intelectual y a través del desarrollo de oportunidades laborales, me ha llegado la hora (con al menos un año de retraso) de cerrar mi despacho donde se concentraban los escenarios de trabajo directivo, documentación de distinta naturaleza acumulada a lo largo de los años,  y espacio en el que veníamos despachando decisiones, análisis y propuestas de actuación para continuar manteniendo vivo este invento de tanto calado social que se llama GUREAK.

Cierro despacho porque estoy a punto de cumplir 66 años y ya ha llegado la hora de descolgarme como profesional por cuenta ajena y acogerme a alguna de las fórmulas de jubilación activa que están previstas. Sigo vinculado a GUREAK, sin despacho,  y continúo asumiendo el papel de Consejero de su Consejo de Administración manteniendo el nombramiento de Presidente para lo que haga falta en el tiempo que parezca oportuno.

Hasta aquí nada nuevo ni nada extraño teniendo en cuenta que la biología también juega en la historia de las organizaciones. No hace mucho escuché que “las organizaciones no pueden envejecer”, “las personas sí”. Las organizaciones, las empresas, GUREAK, no se pueden permitir el lujo de envejecer por lo que ello supone de pérdida de punch en el cumplimiento de objetivos para los que fueron creadas. Las personas sí, porque así lo dicta la biología, porque el ánimo y la energía también tienen su propio proceso vital, porque las generaciones llamadas a sustituirnos también tienen derecho a su desarrollo personal  y profesional y a ensayar nuevas soluciones y alternativas.

Después de toda una vida destinando TODO el tiempo a la búsqueda de equilibrio, soluciones e ideas para el mejor desarrollo del proyecto GUREAK (con sus filiales y ramificaciones) voy a empezar a experimentar en carne propia eso que un amigo definía como “pasar a comprar tiempo libre”. Cierto que parte de ese tiempo será continuar teniendo presencia en Consejos de GUREAK y sus Fundaciones, pero  será nuevo para mí preguntarme cada mañana a qué destino satisfactorio y creativo dedico mi tiempo y mi limitado bagaje de conocimiento y experiencia.

Se me antoja cuando menos interesante esta oportunidad de elegir qué hago ahora con mi tiempo, máxime cuando esta nueva escena la relaciono con el hecho de estar plenamente instalado en la aventura de vivir el “último tercio” de mi vida. No es difícil hacer el cálculo de a partir de en qué edad entra uno en ese tercer tercio. Lo impredecible es la duración del mismo, las condiciones en las que evolucionará la autonomía personal y la calidad de vida, salud, de cada uno de nosotros. Pero lo pintemos como lo pintemos, sé en qué parte del ciclo vital me toca reconocer lo que a partir de ahora pueda hacer y aportar.

Compro tiempo libre pero al servicio de proyectos que me atraigan. Me sigue gustando, por si alguno se pone nervioso, la cecina de León por lo que seguiremos reconfortándonos con el éxito de lo que allí venimos haciendo.

Y una nueva situación a gestionar: “el pasillo de mi casa”. Creo que hasta los peces de la pecera están extrañados de verme con una frecuencia que hasta ahora no conocían. Se estarán preguntando si esta mayor presencia es coyuntural o será definitiva. Lo refiero a los peces de la pecera pero no deja de ser un símil para el conjunto de seres vivos que convivimos en ese hábitat llamado domicilio, familia, vivienda.

Aprenderemos, qué remedio, a  compartir espacios de libertad individual con la vida compartida según mandan los cánones matrimoniales y familiares.  Es lo que hay. Es lo que toca. Y mi tiempo libre, ese que tengo que aprender a comprar y gestionar, a vuestra disposición para lo que consideréis de interés.

Que paséis un buen verano. AGUR.