Lo hago como vasco. Podría haber dicho que como español pues bajo su Constitución y su desarrollo estaría amparado el uso de señas de identificación como el de nuestra Comunidad Autónoma de Euskadi, también denominada del País Vasco, bajo la bandera conocida como “ikurriña”.  “Ikurrriña” no significa otra cosa una vez traducida al castellano que “bandera”. Cada País tiene la suya. Cada Estado se prestigia en el respeto a su enseña y a su himno como encuentro de diferentes que comparten, compartimos, un proyecto común.

Para muchos, no todos, de los actuales ciudadanos vascos, la ikurriña simboliza el propósito de progresar como País sobre la base de señas de identidad de cultura compartida, de riqueza histórica que tiene como tesoro el “euskera” como idioma singular y reconocido entre otras cosas por su capacidad de pervivir en el tiempo sin caer en su deglución por otras lenguas circundantes y dominantes como el latín y los romances que de ahí derivan.

“Ahí le andamos”… sumergidos en el mestizaje que a todos nos toca, pero manteniendo con orgullo y la cabeza alta una identidad políticamente no resuelta que nos sigue permitiendo movernos por el mundo en la búsqueda de nuevos horizontes interesantes para nuestros conciudadanos (nuestros hijos y nietos dicho de paso).

Y de pronto nos llega la convocatoria circense anual de EUROVISION con toda su carga mediática y marketiniana y descubrimos que nuestra enseña, la ikurriña, ha pasado a estar incluida en la lista de banderas prohibidas, perseguidas, reprobadas. Y así lo han hecho público.  ¿Habrá sucedido esto sin el respaldo o el apoyo de algún “ilustre español” que participe en la gestión? ¿Habrá sido casual? ¿Sin querer? ¿Nadie pasaba por allí?

El “fascio” nacional-católico siempre demonizó esta bandera hasta el punto de que un conocido político español llegara a afirmar que “antes pasarán por encima de mi cadáver” que verán legalizada la misma. Nos identificaba en la lucha antifranquista. Se remonta su origen al año 1894. Fue oficializada en 1936, y bombardeada en Gernika en 1937. Pasó a ser motivo de división. Pretendieron apropiársela los que optaron por la vía violenta y sangrienta en un tiempo parece que pasado pero reciente y absurdamente duro. Recuperó su valor de representación institucional en 1979 en la llamada “transición” española.

Pero que a estas alturas nos llegue de esa Europa que suponíamos garante del respeto a identidades, colectivos y personas una “ilegalización” y “terroristización” que incluye la ikurriña entre las banderas prohibidas, perseguidas y a perseguir como pueden ser las del terrorismo islámico radical es algo que no podíamos esperar.

No nos toca. Como País “incompleto” que somos, seguiremos defendiendo desde nuestro “pequeño” tamaño nuestra manera de “estar en el mundo”. De estar en España, y de estar en esa Europa que cada vez huele más a corredor de mercaderes y de intereses no muy claros y que se permite el desprecio gratuito siempre más “barato” cuanto más al “sur” se produzca el desatino.

Acabamos de colgar una “ikurriña” en el balcón de nuestra casa en Donostia. No hemos esperado al toque de corneta de ninguna instrucción partidista por “muy vasca” que pudiera ser y lo hemos hecho porque sí. Porque es nuestra manera de ser europeos. Y se la dedicamos a la banda que gestiona EUROVISIÓN… Y que les den… GORA.