Me gusta este símil comparativo de referencias de nuestro deporte “rural” con los modelos de cultura organizacional a aplicar al mundo de la empresa.

“Trainera” es una embarcación a remo traccionada por trece remeros y un patrón en la popa (alguno más que los apóstoles que según nos dicen fueron doce) que ha pasado de ser un instrumento necesario para la pesca artesanal en el mar Cantábrico a referencia de una competición deportiva que se repite año tras año ahora en formato de liguilla veraniega con su culmen en las regatas de la Concha que se celebran en Donostia los dos primeros domingos de septiembre en las que se pone a prueba la fuerza, la coordinación, el ritmo, el equilibrio, la resistencia al esfuerzo, entre tripulaciones que normalmente se asocian a cuencas fluviales de nuestro mar (Hondarribia, Pasaia, Orio, Zumaia, Urdaibai, Kaiku de Sestao, Castro, Pedreña, Galicia… No es el “mare nostrum”, pero sí es nuestro mar.

En una trainera en la que se alinean los remeros de dos en dos a babor y a estribor sólo cabe remar de manera coordinada. No ha lugar a que uno quiera correr más que otro. Es necesario un remar acompasado en el que la pala del remo entra en el agua al unísono con el de los demás remeros. No es posible que los de babor lleven un ritmo diferente a los de estribor, ni que el de delante alargue la remada más de la cuenta porque la embarcación viraría a un lado que el patrón tendría que corregir con su consiguiente pérdida de energía (cuánta se pierde inútilmente en la vida real) o chocarían los remos de los que actúan de manera descoordinada.

Bueno. Semejante rollo para terminar diciendo que la trainera que gana o la que sencillamente hace una regata decente (“txukuna”) es la que durante los 20 minutos que dura la justa más sincronizadamente ha sido capaz de explotar su potencia física (watios) y finura previamente trabajada durante todo el invierno.

Si trasladamos esta referencia al mundo empresarial estaríamos diciendo que las empresas que pretendan ser competitivas y llevarse alguna bandera (pedido) a sus vitrinas serán las que con mayor sentido e intención han trabajado en el gimnasio, han hecho sus deberes en invierno, han decidido por encima de sus rivalidades individuales y personales ponerse de acuerdo para alcanzar un objetivo necesario, han pactado unas reglas de juego y un sistema organizativo y han establecido claramente que su contrincante no forma parte de “su” trainera sino que bien es “esa otra” que también compite en la regata (rivalidad regional o local) o sencillamente es otro tipo de embarcación que navega en otros mares donde lo lúdico-recreativo ya no aparece porque hablamos de singladuras en las que toca defenderse de “piratas”, “tsunamis” y competidores con muchos cañones por banda (competencia global).

Frente a esto tenemos “el pasado” que aunque lo sigamos teniendo “presente” puede estar representado por la “sokatira” (dejó de ser deporte olímpico en 1920). No es otra cosa que dos equipos frente a frente tirando de una soga (cuerda gruesa) en busca de una victoria que se resume en ir atrayendo con empujes e impulsos organizados al equipo contrario a tu “feudo” de manera que pierde el que no resiste el empuje del oponente y traspasa “arrastrado” la línea que marca el campo rival.

Se me hace fácil pensar que dos equipos frente a frente tratando de traer al “otro” a traspasar tu raya (línea roja le llaman ahora en política) no deja de ser un ejercicio de consumo de energía sin más logro posible que el de vencer al contrario (se puede ganar una batalla y no la guerra), pero sin que se genere un vector de fuerza compartida al servicio de algo, al servicio de un bien común.

Metáforas. Ocurrencias. Una interpretación “sui generis” de imágenes aprendidas del entorno  cultural de competiciones algo “ancestrales” pero que cobran su actualidad desde el momento en que la clase empresarial vasca (liderada por Adegi en Gipuzkoa dicho sea de paso) pone en escena su voluntad (bienintencionada supongo) de superar la etapa de “confrontación” que representaría la sokatira por la colaboración, la cooperación, que define el ejercicio del remo en la especialidad de la trainera.

No tengo ninguna duda, y alguna experiencia profesional me permite afirmar lo que digo, que la empresa que mejor resolverá su necesidad de competir y de situarse en el mercado global será la que mejor conduzca su transición a un modelo cooperativo, colaborativo, de participación activa de todos los agentes intervinientes, de todos sus grupos de interés, en el intento de ser alguien en ese mundo global tan complejo y que a algunos por edad (y conocimiento) nos pilla algo desplazados.

Entiendo, cómo no, que a organizaciones como los sindicatos “tradicionales” se les atragante una propuesta que es justo lo contrario a lo que como estrategia tienen definida que no es otra cosa que la “confrontación”. Conozco y reconozco el papel de la representación sindical y su necesidad en el proceso de precarización al que estamos expuestos, pero no tengo dudas de que las empresas que puedan hacerlo deben de apostar por la cooperación (trainera). No todas lo podrán (o querrán) asumir, pero éstas son las que garantizarán el futuro de los empleos y en parte el futuro de nuestro País.

Es mi opinión que seguro choca con otras. Para eso precisamente queremos ser libres.