Antes de decir por decir cual “tertuliano” cualquiera, mejor estar callado, llevar la procesión por dentro, no significarse, no “mojarse” en esa especie de guerra de medio broma en la que estamos recreando un enfrentamiento más visceral que dialéctico entre diferentes.

Termino no sabiendo bien dónde distinguir la “alteridad”. Dónde se sitúa ese “otro” hipotético con el que se supone me toca enfrentarme, oponerme, manifestarme diferente.  Nos necesitan para mantener con nuestro apoyo explícito  (elecciones, votaciones…) un control determinado de parcelas de poder y de influencia en detrimento de esos otros que persiguen lo mismo  y que compiten con todos sus medios para desprestigiar y arruinar lo “nuestro”.

Vayamos al grano. Hay encuestas muy recientes (creíbles supongo) que nos recuerdan que en todo este tejemaneje de mensajes cruzados de la clase política nadie habla de lo que preocupa de verdad como tema prioritario a los españoles, pensando por mi parte (me atrevo) que con esa preeminencia en el ranking de preocupaciones vivimos catalanes, vascos, navarros y cuantos “diferenciados” queramos.  El paro y sus consecuencias sociales en el bienestar de los ciudadanos es la preocupación estrella del conjunto de la población (más del 50% de la población) con una gravedad que por muy acostumbrados que estemos nos debiera de quitar el sueño por lo escandaloso de las cifras que se dan por oficiales. No puede ser, no debiera de poder ser, que en entornos con paro superior al 20% de la población como es el caso de España la clase política esté pasando de rositas por el tema como si esto formara parte del paisaje como aquellos toros de Osborne que se veían en las carreteras.

Tengo la suerte de vivir en una provincia, Gipuzkoa, donde el paro está en una cifra cercana al 10% de la población, y aun así me parece una tragedia no sólo por estar estadísticamente lejos de la media europea (por cierto, ¿será el referente con el que compararnos no?) sino porque detrás de la cifra hay verdaderas situaciones de dificultad, de no llegar, de no satisfacer mínimos vitales,  no poder afrontar la vida con dignidad.

¿Acaso veis que en los últimos episodios de exhibición pública de la clase dirigente con sus amagos de acuerdo/desacuerdo, investidura/despelote, enfrentamiento/besos piquito, que alguien esté verdaderamente proponiendo una solución a este grave problema del paro? De verdad creo que no está el tema en la “agenda” política. Primero me hago con el poder y luego ya veremos a quién le echamos la culpa del despropósito”.

Siguiendo las encuestas mencionadas, el segundo tema que además se ha disparado en las preocupaciones de todos los conciudadanos es el de la corrupción (sube al 47’5 %). Por fin. Ya era hora de que nos enteráramos.  Nos roban,  pero no sólo desde Madrid. Se reparten el botín (no lo digo por el apellido) y han endeudado el País no como nos quieren convencer por excesos en el gasto social (el País con menor gasto social por habitante de la Unión Europea) sino por ineficiencias, derroches, despropósitos, robos y latrocinios a cara descubierta que ahora van apareciendo. No puedo no decir nada cuando podemos apreciar, porque de alguna manera algo se llega a saber, que las mismas empresas que pretenden defender (y supongo aprovechar) la “marca España” y que son las que cotizan en el “prestigioso” IBEX 35 hunden sus orígenes en aquellas empresas fundadas en el franquismo que ahora se sabe se valieron de la “esclavitud” del trabajo forzado para dar origen a esas fortunas que aún hoy perduran tras los sucesivos cambios societarios y de nombre que han experimentado. Se nutrieron en la corrupción de la autarquía pasada y siguen apareciendo implicadas en los actuales episodios de corrupción.  Los nombres ya los irán poniendo los jueces que parece no han sido comprados.

“Hijo mío, tranquilo, que el dinero lo seguimos teniendo los de siempre.”

Y ¿cómo puede un Estado funcionar sin gobierno? Pues según la encuesta la ausencia de gobierno solo preocupa al 1’4 de la población, porcentaje similar a la inquietud que provoca la independencia de Catalunya.

Cierro con una afirmación.  Si hubiera políticos orientados a responder  a las necesidades sociales estarían despellejándose para encontrar la vía de acuerdos para resolver el problema del paro preparando una potente política industrial, una apuesta decidida por la educación y la política económica que se precisa. Y es evidente que no están en ello.

Y de la corrupción ¿qué decir? Pues que a este País le falta un revolcón (¿se dice revolución?) que devuelva a todos los ciudadanos el sentido de que todo lo que hay sobre la tierra es nuestro, de todos, y no del señor feudal, no del obispo, no del oligarca, no del espabilado, no del amigo del amo. Que hemos dejado de ser jornaleros que imploramos un trabajo renegando de nuestras creencias.

Mejor estaba callado, pero qué le voy a hacer. Así me ha salido.