Debe ser, por lo que leo, algo así como el escenario, la situación,  en la que se pueden llegar a producir  “nuevas ideas” como consecuencia de “contactos informales”.  Se atribuye a aquellos descubrimientos  o hallazgos afortunados e inesperados que se producen cuando se está buscando otra cosa distinta.

No soy capaz de aventurarme en la etimología del término “serendipia”, pero se asemeja de alguna manera a algo que se le parece que sería la “chiripa”, que tampoco sé muy bien qué es pero que se me antoja como algo así como aquello que se descubre por casualidad, porque pasaba por allí, porque se terciaba, porque alguna vez debía de tocar.

Esta introducción me lleva a pensar en cómo animar la generación de ideas nuevas. Creo que se trata fundamentalmente de una actitud de “búsqueda”.  Si no especialmente activa sí basada en la receptividad a “lo nuevo”.  Se busca lo nuevo cuando nos damos cuenta de nuestra disconformidad con lo existente, con lo que se da por establecido, por aquello que se puede pretender inamovible.

Recupero en estas lecturas que nos permiten las vacaciones de fin de año una referencia de un artista, escultor donostiarra de fama internacional llamado Eduardo Chillida, que expresaba como soporte de su ansia de alimentar su creatividad la idea de que el motor era justo “hacer lo que no sé hacer”. Qué bonito, qué fuerte, qué potente este pensamiento. “sigo trabajando para intentar aprender, para intentar hacer lo que no sé. Detesto repetir cosas que ya he hecho”. Qué cosa más aburrida que seguir haciendo lo que he hecho siempre, lo que ya he demostrado que sé hacer. ¿Qué incentivo puedo tener en repetirme a mí mismo introduciendo variaciones menores y estéticas sobre lo que ya había descubierto y expuesto?

Aunque la recomendación de los libros de “management” insisten en que debemos ser buenos haciendo lo que sabemos hacer, el pensamiento creativo desborda esta premisa para aventurarse en lo contrario que no es otra cosa que saltar a ese mundo desconocido donde de alguna manera debo poder encontrar los nuevos escenarios, hipótesis, preguntas, que me lleven a situarme ante la realidad con unos ojos, mirada, diferentes. Lo nuevo no se encuentra en las respuestas que le damos al problema sino en la formulación de las preguntas para las que requerimos respuesta. Seamos pues atrevidos en las preguntas, que ya vendrán las respuestas “innovadoras”.

Descubrir lo nuevo se me antoja que es como una especie de mirada distinta a la realidad. Me imagino la visión desde un dron desde el que veríamos lo mismo que vemos ahora en nuestra cotidianeidad pero desde otros ángulos y perspectivas.

A mí los Reyes no me van a traer ningún dron, entre otras cosas porque perdida la inocencia (que no la ignorancia) ya no les pido ese tipo de cosas materiales. Pero no me importaría nada que a mí y a los que me rodean nos llegara esa especie de aire fresco de predisposición al cambio, a ideas nuevas, a preguntas estimulantes, al interés por indagar qué hay más allá de los que venimos haciendo cada día para continuar descubriendo esos mundos en los que habitan espacios en los que es posible aportar soluciones nuevas a problemáticas sociales y de empleo cambiantes respecto de las cuales nos toca inventar algo.

¿Nos agenciamos pues un dron como manera de elevarnos un poco sobre el día a día y así vislumbrar nuevos escenarios y soluciones?