En las fechas de diciembre en las que nos encontramos, no nos queda otra que pensar que “ya hemos vendido”  todo lo que teníamos por vender. Una manera de decir que en lo que se refiere al ejercicio 2015, nos estamos acercando a esos momentos de “hacer recuento” más que a los de sembrar y preparar la cosecha del año.

Viéndolo desde esta perspectiva, y al margen de los discursos políticos con intención electoral que nos inundan (como toca por otra parte), me atrevo a adelantar que en el conjunto de actividades y programas en los que participamos tanto como GUREAK como en otras iniciativas empresariales en las que colaboramos, el grado de cumplimiento de objetivos sociales y económicos en este año que toca a su fin recibirá una puntuación positiva y alta. Así lo estamos validando en los correspondientes Consejos y Juntas que se celebran en el último mes del año, y aunque sigamos siendo  plenamente conscientes de que nos siguen sobrevolando negros nubarrones en forma de crisis, conflictos internacionales, masivas migraciones y desastres medioambientales, y sobre todo en lo más cercano cifras de desempleo insoportables  y niveles de pobreza en aumento, las expectativas para el próximo 2016 son de alguna manera tranquilizadoras en el sentido de que es esperable que nos sigamos moviendo en esta senda “positiva”.

“Virgencita… que  nos dejen como estamos” podría ser el eslogan entonado desde una posición conservadora, no vaya a ser que se desaten (como se desatarán) otra vez, después de las elecciones, las instrucciones de ajuste y de “socialización” del déficit público (sea quien sea el causante una vez más se distribuirá a prorrata entre todos los cotizantes).

Año nuevo sí, pero la vida no lo será tanto. Sí quizá en el mundo de las intenciones, de la renovación en clave de arrancar con los mejores propósitos desde el primer día del nuevo año. Pero los problemas que hemos acumulado y que corremos el riesgo de trasladar a nuevas y futuras generaciones seguirán ahí exigiendo de cada uno de nosotros un esfuerzo para no incrementarlos. Estamos hipotecando la salud del planeta como si no nos importara el desastre que dejamos en herencia a nuestros descendientes. ¿Será acaso señal de progreso que en las grandes ciudades del mundo toda la población tenga que andar con mascarilla para seguir respirando?

En una reciente encuesta sociológica en el País Vasco se detectaba que después de problema del paro (es notoriamente inferior en Euskadi que en otras muchas Comunidades Autónomas) la segunda preocupación en importancia para los ciudadanos era el de la desigualdad social. Parece que nadie queremos que nuestro vecino lo pase extremadamente mal. Nos gusta que los extremos en la participación en los bienes comunes, en el bienestar, en la salud pública, no se distancien en exceso. El equilibrio nos acerca a esa idea de la “armonía” cuya explicación debiéramos de recuperar desde aquella antigüedad de la cultura griega. No se es feliz cuando a uno le rodea la infelicidad de familias que no llegan a fin de mes. Aunque hubiera quien en sede parlamentaria dijera aquello del “que se jodan” a propósito de los que lo pasaban mal, en el entorno en el que me toca en el que cada uno por supuesto salvamos primero nuestros muebles, se producen ejemplos de solidaridad que cuando los conoces de cerca te reconfortan con la humanidad de la que somos parte.

Leo que en la última campaña del Banco de Alimentos (en la que GUREAK también aportó voluntarios y medios de transporte) los Territorios de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra han sido en este orden los que mayor aportación por habitante han ofrecido. Lo comunicaba el presidente español de dicha Organización altruista. Nos queda pues para todo un nuevo año la inacabada tarea de contribuir al mejor funcionamiento de la sociedad de la que formamos parte empezando por el entorno más próximo en el que partiendo de las ventajas e inconvenientes de que “nos conocemos” con nombres y apellidos podemos identificar más claramente el destino de nuestra solidaridad.

¿No es acaso más difícil identificarse con algo a lo que no se pone “cara y ojos”?

Un saludo desde este blog para cerrar el 2015, y que el 2016 (año de la capitalidad de la cultura para San Sebastián) nos pille con brío, energía y ganas de ser positivos en todo lo que toquemos.

ZORIONAK ETA URTE BERRI ON.