“Coherente” es la palabra que pone en boca del Director Social del Grupo Mondragón  Zigor Ezpeleta el periódico BERRIA, único diario en lengua vasca que tenemos opción de leer los vascoparlantes que optamos por ello (cuando lo hacemos) y que en mi caso me llega a través de su edición digital en pleno descanso vacacional en el Pirineo Catalán.

Traigo a colación esta referencia a propósito del interés mediático que suscitó en su día el fiasco por inviabilidad empresarial de la Cooperativa Fagor Electrodomésticos y porque algunos ya se adelantaron a dar por fenecida la experiencia Mondragón y todo lo que de “socialismo real” podía estar presente en la gestión de una iniciativa empresarial nacida en estos verdes y lluviosos valles guipuzcoanos y vascos bajo la fórmula de cooperativa (con todo lo bueno y no tan bueno en ocasiones) que fueron capaces de activar desde la autogestión hace varias décadas, en pleno franquismo no se olvide, para protagonizar una historia de éxito que les permite seguir apareciendo como primer grupo empresarial vasco en términos económicos y de empleo y con posición relevante en el ranking de empresas del estado español.

Caía hace unos dos años todo un símbolo del cooperativismo vasco como FAGOR, arrastrando pérdidas de varios centenares de empleos a los propios socios cooperativistas, pérdidas a los proveedores (entre los que estaba también GUREAK) y acreedores en general, y con implicaciones de comercialización de eso que se ha venido en llamar “preferentes” que daba una suma que parecía insufrible e insuperable para el entorno comarcal en el que la principal planta estaba ubicada.

A mí personalmente me ha tocado escuchar comentarios en desplazamientos profesionales fuera de Euskadi en los que con mucha facilidad y algo de “morbo” se echaba “leña al árbol caído” para decir, sin saber como sucede muchas veces que “cómo va a funcionar una empresa en la que las decisiones se toman en asambleas, en las que cualquier trabajador opina y vota con criterio propio y porque además es “propietario” en la parte y que le corresponde,” y otras perlas dichas por personas que sólo saben imaginar organigramas piramidales al servicio de la concentración de poder y capital y para las que tan buen negocio puede ser crear empleo en su zona como  vender la empresa al mejor postor y deslocalizarla tan pronto se pueda accediendo con celeridad a la generación de la plusvalía financiera correspondiente.

Tengo que decir que en alguno de mis paseos profesionales por España también me he encontrado con personas (no muchas pero selectas) que se interesaban por el tema desde la perspectiva de que se estaba perdiendo algo de “valor social” y ejemplo de práctica empresarial.

No me toca en este blog entrar en el análisis de lo sucedido y de lo que se pudo haber evitado si como también se ha dicho se procedió con excesiva tardanza a afrontar lo irremediable, el cierre, pero sí quiero destacar lo que he leído en la entrevista en euskera a la que he hecho mención en el inicio.

%90 lanpostu berrian daude iadanik”. El 90 % de los empleos perdidos (1700) han encontrado ya su nuevo puesto de trabajo. “Orain 150 bat geratzen dira esperoan”. Quedan 150 aún en busca de colocación.

Los empleos que han podido encontrar son indefinidos en su práctica totalidad porque ese es el tipo de contrato laboral que se practica en estas cooperativas del Grupo Mondragón que por “coherencia” con su filosofía han abierto sus puertas a la recolocación de los excedentes tras el cierre de FAGOR. La pertenencia a un grupo que comparte principios cooperativos y de solidaridad (economía social) está permitiendo una recuperación espectacular de la casi totalidad de los empleos perdidos.

Con esfuerzo. Aprendiendo de lo que enseña el pasado reciente para actualizar el modelo mismo, pero desde el convencimiento de que la coherencia con su filosofía fundacional (“ereduarekin koherente izan gera”) y la corresponsabilidad de todos en la asunción de riesgos se pueden afrontar las exigencias de competitividad a futuro de cualquier proyecto empresarial.

Se pueden decir muchas cosas sobre este Grupo y sobre el Cooperativismo, pero hoy me conformo con destacar que en tan sólo dos años los empleos han vuelto a enriquecer la vida de personas, familias, y de comarcas guipuzcoanas enteras.

Y me pregunto, ¿cuántas empresas de las de formato capitalista al uso pueden acreditar que se estén ocupando de la vuelta al trabajo de personas que fueron cayendo al paro en la crisis? ¿Hay alguna empresa de las del IBEX, esas que pretenden pasear por el mundo la marca España y que aparecen (algunas) salpicadas en las historias de corrupción y otros desmanes que saltan a las páginas de los periódicos un día sí y otro también, que más allá de propiciar las reformas “abaratadoras” del Gobierno y los mandatos del “mercado” estén haciendo un esfuerzo por rescatar lo que han ido dejando por las cunetas de estos 7 años de crisis y estropicios?

Cuán diferente resultado se deriva del ser coherente con la búsqueda del beneficio inmediato o de serlo con la defensa de un tejido de empresas locales, con arraigo en el entorno en el que nacen para desde ahí desplegar actividad que se traduce en 74.000 empleos con componente de internacionalización e I+D de gran valor.

No todo será de color rosa, pero me felicito por no caminar solos en este esfuerzo de activar laboralmente al que lo necesita y quiere, más allá del reparto de capacidades que nos tocó en el sorteo.