Rueda de prensa post partido de fútbol de primera división disputado en una ciudad española del sur de la península. Comparece el entrenador del equipo perdedor. Perdedor en resultado deportivo pero no en dignidad saber-estar y disputar aunque esté en los últimos meses en horas bajas. Arranca la rueda de prensa según lo programado con unas primeras preguntas formuladas por la televisión vasca ETB en su canal en euskera. Como acostumbra contesta el entrenador, que no puede disimular su preocupación por el resultado adverso, en el mismo idioma en el que ha sido preguntado (“porrot” se le escucha decir entre otras palabras al hacerlo). Algo así como fracaso, objetivo no conseguido y preocupación por el futuro añadida.

Cuando se empiezan a escuchar voces de interrupción y protesta en la sala que impiden la libre expresión y respuesta del preguntado. Se entrecruza en busca del debido respeto la voz de llamada al orden del jefe de prensa diciendo algo así como “que llevamos seis años en primera y que ya sabéis que esto viene siendo así. Que si juega el Barca y se formulan preguntas en catalán pues que ya se sabe. Normalidad”

Retoman “los vascos” la entrevista y nueva interrupción causada de nuevo por periodistas acreditados a los que el protagonista pregunta mirándoles fijamente “¿pasa algo?”.Nuevo intento baldío del jefe de prensa, y el Sr. Garitano, así se llama el entrevistado fallido, se levanta sin decir una sola palabra ni exteriorizar ningún gesto y se va de la sala. Fin de las entrevistas, no sólo de la que hubiera completado en euskera sino también de las que en castellano o algún otro idioma se le hubieran dirigido.

Perdimos en el campo de juego, ganamos en los espacios donde se dirimen derechos y conductas. Se puede ganar y vencer de manera indigna, pero se puede acreditar mucha razón, mucho sentido común, mucho deseo de convivencia entre diferentes manteniendo posturas dignas, muy dignas, cuando se quebrantan las reglas de juego de las que nos dotamos cuando decidimos como organizar un País, un Estado.

¿Es posible, me pregunto, que siga siendo asignatura pendiente en algunas mentes no bien educadas españolas el reconocimiento “constitucional” a los distintos idiomas que conviven y algunos por suerte compartimos en el conjunto del Estado? ¿Desacreditarán a estos periodistas monolingües maleducados para el ejercicio de su profesión en una temporada? ¿Les enseñará alguien el contenido de la Constitución Española?

Es gratificante en contrapartida el comportamiento del jefe de prensa de la entidad deportiva anfitriona y el pronunciamiento del club afectado por hacer algo tan sencillo como saber tratar con naturalidad la diferencia, diferencia que salvo cuando se convierte en bandera arrojadiza contra otros no hace sino enriquecer el patrimonio cultural propio y de todos.

Sucedió justo un 26 de abril. Fecha en la que se conmemora el aniversario del bombardeo de Gernika que con ayuda mediática del cuadro pintado por Picasso fijó ese día de 1937 en la memoria de muchos de nosotros como uno de los episodios horribles y sangrientos que devinieron con el objetivo de imponer un orden de cosas determinado a una población indefensa y a un pueblo que aspiraba a ser capaz de autoorganizarse y determinarse desde sus derechos históricos tradicionales.

Año 2015. No suenan tambores de guerra, pero sigue existiendo en lo recóndito de la cultura heredada del franquismo esa dificultad en admitir que España no es ni tiene por qué ser uniforme, que cabe la convivencia entre diferentes, que eso nos hace mejores y nos prepara para compartir espacios culturales y geográficos de mayor diversidad y multiculturalidad en el ancho mundo. Queda tarea. Cuando la cultura se ve como propaganda causa estragos que duran generaciones. En el bando vencedor y en el vencido.

Y los que perdimos aquel histórico “partido”, y los que hemos vuelto a Eibar con dos goles en el zurrón que nos endosó el Almería, seguimos teniendo el recurso de la dignidad personal, individual y colectiva, que nos da capacidad para defender y preservar para el futuro una de las lenguas con más longeva historia entre las de la “torre de babel” y que no dudamos forma parte del patrimonio cultural de la Humanidad incluyendo a los que no saben valorar lo que tienen o entre todos tenemos.

En pocas palabras, “donde no me quieren… poco rato”. Y si no me aceptan como soy, pues sencillamente me levanto y me voy.