Así llamamos en euskera a las “telarañas”, amarauna. Hace no muchos días una compañera de trabajo de la Fundación Goyeneche de San Sebastián me hizo recordar que en una inauguración de un nuevo “garagune” (centro de día para personas con discapacidad intelectual que encuentran su desarrollo personal en un ámbito no laboral) hice una breve disertación que según dijo le gustó (qué honor a estas alturas de la vida) apoyándome en una “palabra” que ella entonces no recordaba cuál había sido pero que había servido de hilo conductor de mis comentarios. Llegué a casa tras un encuentro lúdico gastronómico en una sidrería con profesionales de la mencionada Fundación intentando recuperar la “palabra” que motivaba aquel comentario, y en una de estas, zas!, bapatean, me vino a la memoria: amarauna.

Junto al comentario se nos informaba de que un buen amigo, familiar suyo, responsable del programa de adultos de ASPACE en Gipuzkoa estaba ingresado en la UCI  con un serio problema de salud.

Justo en ese concepto de “telaraña” (amarauna) encuentro el valor principal de la aportación de muchas personas, muchos profesionales de los servicios sociales, que en su manera de entender su trabajo, su dedicación, su servicio a favor del progreso y de la autonomía personal de las personas con discapacidad, de esas personas con capacidades diferentes, van tejiendo esa tela de araña con múltiples puntos de unión, líneas paralelas, coincidencias, refuerzos, que en suma no son sino el resultado de las complicidades personales, profesionales, afectivas y cívicas que en nuestro quehacer diario podemos ir construyendo para terminar armando esa enorme tupida y resistente red de apoyos y soluciones para los que parten en posición retrasada respecto de los de la primera fila. Se sabe que hay hilos de estas telarañas que son más fuertes que el acero del mismo grosor, pero también se puede leer que construir la misma es en sí un gran gasto de energía debido a la gran cantidad de proteínas requeridas al arácnido en la formación de la misma.

Hoy me toca homenajear a un auténtico tejedor de estos hilos relacionales, de complicidad y compromiso, que ha terminado sus días cuando menos lo esperábamos, habiendo consumido más energía en “otros” que la que le correspondía haber guardado para proteger su propia salud. Como me recordaba un común amigo que tiene escrito “peripecias de un hombre sentado” y que es usuario desde sus desplazamientos en silla de ruedas de programas de defensa de la capacidad de todas la personas y de sus derechos al acceso a todos los servicios y utilidades como cualquier ciudadano, se trataba (lo digo en pasado porque ha dejado de ser) de una persona siempre coherente entre “el palique” y la práctica, defendiendo a los usuarios, “sus” enrollados usuarios y amigos, incluso incomodando el ritmo que los propios familiares podía querer dar al desarrollo de iniciativas a favor de éstos.

La red ya tejida seguirá permitiendo la incorporación de nuevas arañas que la continúen enredando, entrecruzando, recomponiendo, pero no estaría mal mantener durante un tiempo el recuerdo y reconocimiento a quienes no han hecho otra cosa que entender su vida como un servicio a favor de la conversión en personas adultas de los calificados como “dependientes” con todos sus derechos reconocidos, todos, aportando una prestación profesional generosa donde las haya, algo “a su manera” como no podía ser de otro modo al tratarse de un comportamiento no estándar ni siempre habitual.

Recuerdo Javi que teníamos alguna comida de “hermandad” pendiente en la que hubiésemos hablado de qué más podíamos hacer en la colaboración de Aspace y Gureak, organizaciones que junto con otras cosemos los hilos más estructurales de la red, de “amarauna”. La tendremos que seguir dejando pendiente, pero me viene a cuento el recuerdo para dejar constancia de que por muchos ejercicios de planificación pública y reflexiones estratégicas que hagamos seguirá habiendo un componente de enorme e insustituible valor que es el de la aportación que todos y cada uno de los profesionales de atención directa pueden hacer para mejorar la calidad de vida de personas con una grave dependencia.

Vaya en tu honor Javi.