En reuniones que venimos protagonizando en GUREAK con frecuencia quincenal con personas ajenas a nuestra organización pero con alguna conexión con la misma desde ámbitos tan diferentes como el de la empresa, el mundo de la intervención cultural, gestores públicos, personas concretas a título individual, funcionarios en puertas de su jubilación, familiares de personas con discapacidad, “innovadores”…etc. escuchamos cosas sobre el papel que juega en la sociedad guipuzcoana y vasca una empresa “atípica” como la nuestra (así me gusta calificarla de vez en cuando en lugar de utilizar otros calificativos) y no nos dejan de llamar la atención algunas de las opiniones que se vierten en las mismas.

Desde el ámbito del “empleo especial”, “trabajo protegido”, y diversas iniciativas surgidas hace décadas de la mano del movimiento asociativo a favor de personas con discapacidad intelectual para generar puestos de trabajo y mejorar la empleabilidad de este tipo de personas, hemos mirado constantemente al “mercado ordinario” (qué ordinariez diría un buen amigo), al “empleo competitivo” (vaya eufemismo) con cierto complejo de que debíamos estar constantemente homologando nuestras prácticas a las consideradas “normales” por generalizadas habituales y estandarizadas para acercar nuestra manera de hacer a esos usos “no especiales”.

Aún sin dejar de mirar de reojo a ese medio ordinario hemos mantenido de manera pertinaz la búsqueda de “modos de hacer” que favorecían (discriminación positiva) la incorporación de personas con capacidades diferentes a fórmulas de trabajo adecuadas a su potencial de trabajo, organizando acciones formativas de todo tipo (siempre sobre situaciones reales de trabajo) para facilitar su progresión personal y potenciación de sus capacidades, diseñando una escala en la que poder superar niveles desde el inicio de prácticas y primeros aprendizajes en un programa ocupacional para saltar al empleo (especial, ordinario o lo que sea pero empleo) para lo que el apoyo individualizado y el acompañamiento resultan imprescindibles si se quiere garantizar el éxito, y todo ello en un universo que integra un cúmulo de acciones en una cadena de valor social (detección-capacitación-trabajo real, no simulación-apoyo personal-individualización-derecho al fracaso-generación de valor-integración en el mercado) que se convierten en un puente de conexión entre el mundo de la marginación laboral de los menos capaces y esa economía que se nos antoja inalcanzable a primera vista.

En el sector de las organizaciones (empresas “atípicas”) del perfil de GUREAK, que en el caso de Euskadi nos integramos en EHLABE (Asociación de Entidades), llevamos varias décadas explorando este camino, este proceso de desarrollo personal de los menos capaces, viendo cómo se cuestiona “lo nuestro” de vez en cuando por “especial”, por diferente y no normalizado.

Y mira por dónde nos encontramos en estas reuniones con personas con experiencia en la intermediación laboral de todo tipo de desempleados tanto en el servicio público existente como en el sector privado que desde su conocimiento de la problemática del desempleo en general nos reconocen claramente que nosotros disponemos de “una caja de herramientas” que aplicamos con éxito a personas con discapacidades psíquicas y otras y que es la que no existe y se necesitaría para convertir en “empleables” a personas que rondan las oficinas de empleo pero sin la mínima probabilidad de acceder a un puesto que se les pudiera ofrecer porque adolecen del mínimo de requerimientos para satisfacer a un hipotético empleador. Nos vienen a decir que también para éstos se necesitarían centros ocupacionales para empezar a enseñar los mínimos necesarios de comportamiento y actitud, prácticas antes de pretender el salto a un puesto de trabajo, disciplina y aceptación de ciertas reglas de juego que en cualquier empresa les van a exigir, acompañamiento para evitar el fracaso rápido.

Es decir, que lo que nosotros venimos haciendo con naturalidad porque así nos ha enseñado nuestra experiencia con la discapacidad, es justo “la caja de herramientas” que necesitarían los servicios públicos de empleo para evitar tirar el dinero de los contribuyentes con la poca probabilidad de éxito que ahora se obtiene.

No lo digo yo. Nos lo dicen algunos que nos conocen y aprecian lo que hacemos.

Por lo que, borremos nuestro complejo de “especiales” y pensemos en las bondades de nuestra manera de hacer y de relacionarnos con la economía real (clientes que compran y venden) para mejorar la “empleabilidad” de cualquier ciudadano vasco que necesite otra manera de acercarle a las exigencias de un puesto de trabajo