No, no es un titular en japonés. Se me ocurre recurrir al euskera con esta palabra con la que quiero expresar la idea de que nos toca “ir más allá”, haratago joan, en algunos temas. Estamos acostumbrados a hablar entre nosotros de la “integración” como objetivo de algunas políticas y programas con las que pretenderíamos hacer frente a la exclusión social de colectivos y personas y su consecuencia de desventaja irremediable. Pero toca ir más allá, trascender de alguna manera el concepto y superarlo por elevación.

Se trataría de pensar en el cambio radical que supone hablar de INCLUSION donde antes podíamos sentirnos satisfechos con la búsqueda de la INTEGRACION.

Nos rebelamos ante la mera exclusión como representación de lo que sucede en nuestra sociedad. Post 93 - Imagen 1

Podemos recurrir de manera proteccionista a conformar un espacio de protección y amparo mutuo en el que atrincherarnos para defendernos y coexistir (que no convivir) con “los nuestros”, los que tienen la misma problemática, ante ese conjunto más poderoso que es el resto de la sociedad.

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Pero seguimos estando fuera, segregados en la periferia, como con miedo a llamar a la puerta de la ciudadanía que nos corresponde.

Nos armamos de valor  y nos integramos en el conjunto;

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saltamos aunque como grupo diferenciado los límites que creíamos inexpugnables y pasamos a formar parte del círculo en el que decimos caben todos; nos sentimos parte de esa sociedad que nos miraba (así creíamos) de reojo, con desconfianza respecto a nuestras capacidades, a nuestra capacidad de convivir.

Y llega la eclosión. Rompemos la cáscara que marcaba el límite de nuestra protección y nos configuramos desde el ente individual, no grupal, para pasar a ser uno más en ese conjunto de hormigas diseminadas que conformamos la sociedad. Ese y no otro sería el escenario de la inclusión y en nuestra dilución individual en el conjunto estaríamos hablando de la INCLUSIÓN.

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Pasar a ser uno más con nuestros recorridos de superación en ese mar lleno de ciudadanos complejos con sus aspiraciones, problemas, dificultades y anhelos es el reto al que debemos de aspirar cuantos hemos optado por implicarnos de manera profesional en contribuir a la mejora de la sociedad y la convivencia entre diferentes. Lo sean por temas de género, de procedencia, de color, pero también cuando hablamos de “capacidades diferentes”.

Nos toca ser “incluyentes”, “inclusivos” para favorecer ese bien preciado que es el de la “igualdad” como sujetos de derechos que somos.

Y me atrevo con un recordatorio como es el principio de que para ser iguales es lícito tratar de manera desigual a los desiguales. Es necesaria la discriminación positiva cuando se persigue la igualdad de las “capacidades diversas”. Tratar de manera igual a los desiguales no hace más que perpetuar la desigualdad.

Declaremos llegada la hora de la inclusión, más allá de la integración. Haratago joan gaitezen.

¿Trasladamos a nuestra praxis esto que enunciado en palabras puede parecernos atractivo?