Siempre, y para todo, hay una primera vez. Una experiencia vivida como nueva que nos aporta esas nuevas sensaciones que quedarán con sus claroscuros en nuestra memoria. Ese descubrir por uno mismo lo que según parece ya han probado otros. Ese transgredir la frontera de algo, eso que hasta aquí era una línea roja en nuestro comportamiento que no se nos hacía fácil sobrepasar. El primer amor, el primer empleo, la iniciática primera “gau pasa”, el primer coche, la primera hija, esa nieta que inaugura el escalafón de la tercera generación. En fin, todo lo que se convierte en referencia que nos ayuda a entender el futuro. ¿Recuerdas cómo eran las cosas? ¿Cómo fue aquello? Hay quien recuerda con pelos y señales cómo se produjo su primera entrevista con un directivo empresarial que le entrevistó recién terminada la carrera universitaria, y lo bien que le trató (iría pensando que podía ser lo contrario). Y lo horroroso que es recordar aquello que en “su primera vez” resultó un fiasco, nos decepcionó, nos generó una fobia a algo o a alguien (a veces al mismo ser humano capaz de lo más innoble), nos cerró el paso a una vivencia que esperábamos fuera beneficiosa y no lo fue.

En definitiva, esa primera vez tiene una enorme importancia a la hora de situarnos como personas libres e independientes a interpretar lo que nos rodea y discernir lo que nos conviene.

Digo todo lo anterior para pasar a afirmar lo importante que es para un proyecto como el de GUREAK la gestión del primer contacto con nuestra organización. En recientes entrevistas con personas de distinta procedencia profesión, formación género y edad que venimos teniendo en un propósito de indagar lo que la sociedad guipuzcoana ve en nosotros y lo que nos sugiere seamos cara al futuro, nos encontramos con testimonios frescos y sinceros que nos apuntalan el convencimiento de que la manera más eficaz de dar a conocer lo que venimos haciendo en la búsqueda de oportunidades de trabajo para personas con capacidades diversas es provocar su primer contacto, su primera visita, su primera experiencia de ver trabajando de manera competitiva a personas que a priori y desde el desconocimiento podían pensar que serían capaces de hacer algo, eso sí, pero no con el grado de compromiso y vinculación al tejido empresarial y la cadena de valor de la economía productiva como el que se aprecia cuando se da la circunstancia de dedicar un tiempo, ese “primer” encuentro, con una organización que en nuestro entorno cercano todo el mundo sabe de alguna manera de qué va (esos talleres donde van “esos”…) pero que se trata de un auténtico desconocido y por tanto insuficientemente y sesgadamente valorado proyecto organizativo.

No nos debiéramos de cansar de abrir “con intención” las puertas y datos de GUREAK al conocimiento individual y personalizado de cuantas personas candidatas a ello podamos contactar. Lo venimos haciendo, nuestros comerciales saben que el éxito de muchas operaciones se consigue cuando el prescriptor de compras de un cliente nos visita y conoce nuestra forma de hacer y nuestras instalaciones, y diferentes programas nos están conduciendo a sembrar ese conocimiento que se convierte en caldo de cultivo de complicidades y colaboraciones futuras.

Participamos directamente en el ámbito universitario (Tecnum de la Universidad de Navarra, MU Mondragón Unibertsitatea, Deusto, UPV) impartiendo incluso conocimiento en sus masters más especializados pero el mayor logro se da cuando sus alumnos se implican con nosotros en sus proyectos de fin de carrera, prácticas y especialización y nos reconocen en su esfuerzo de promoción como empresa idónea y como una de sus referencias en el entramado empresarial próximo. Cualquier día de este lluvioso febrero estarán siendo más de 50 las personas de este perfil que están en el día a día con nosotros formándose y ofreciéndonos su aún no puesta a prueba capacidad de innovación, y nosotros sabemos que contarán en su entorno lo sorprendente que les resulta convivir con esas personas “diferentes” que trabajan, vaya si trabajan, en una organización dinámica y atractiva. Somos capaces de ser útiles con nuestra aportación en un Master de Innovación de la carrera de Ingeniería, pero también de gestionar la visita programada y con añadido didáctico de 2.500 alumnos de 6º de Primaria a los que espero les pase como a mí personalmente que aún recuerdo cómo fue mi primera visita a una planta industrial cuando estudiaba bachiller como alumno de La Salle. Nos llevaron a ver una planta embotelladora de CocaCola y su recuerdo me durará hasta que las neuronas se pierdan en el vacío.

¿Cuántos primeros encuentros, primeras vivencias, primeras emociones seremos capaces de promover en los meses venideros con esa “intención”?