No soy ningún experto en “politología” para atreverme con este tema, pero desde el derecho a un nivel de saber “limitado” que nos asiste a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas, me dispongo a compartir algunos de los “chispazos” que de manera recurrente me vienen a la mente, no tanto por el interés de lo que pueda llegar a decir sino más bien porque creo que la indulgencia de los que lean estas líneas me permite sentirme uno más entre ellos que al fin y al cabo, así creo, viajan por la vida con dudas y conjeturas bastante parecidas a las que yo pueda aflorar.

Y pensando en esas cosas de la política, no hay duda de que la misma nos ofrece cosas buenas junto con otras no admisibles e impresentables. Estas últimas son las que nos encienden y llenan nuestras conversaciones familiares amigos y compañeros de trabajo, y son las más facilonas para, echando leña al fuego, abundar en las miserias humanas y en esos comportamientos que nos descubren el complejo entretejido de intereses, influencias, compra de decisiones y desprecio al bien común que nos airean los medios menos afines al sistema o a al “color” de los actuales gobernantes.

Pero también, a pesar de todas las barbaridades que se nos descubren, hay cosas buenas. Quién lo dijera. No necesariamente las que se nos repetirán en las campañas electorales en las que ya estamos inmersos, sino algunas que a veces hasta pueden pasar desapercibidas. De vez en cuando y como si fuera “a la chita callando” se produce en la escena política algo tan maravilloso como el “consenso”. ¡Aleluya! Es hasta posible que en alguno de los temas cruciales para la organización de nuestra convivencia fuerzas políticas dispares e Instituciones Públicas habituadas al juego de defender banderas particulares y evitar la conciliación interinstitucional se pongan de acuerdo y promulguen una nueva norma de carácter legal que incide en el desarrollo del País y la vida de sus ciudadanos. Sucedió por ejemplo que poco antes del cierre del año 2014, en un País tan complicado como Euskadi donde lograr mayorías políticas suficientes no es nada fácil, se llegó al consenso entre representantes del arco parlamentario vasco, las tres Diputaciones Forales y la representación de las Entidades Locales para poner en vigor con su debido rango normativo un “decreto de cartera de servicios” que no es otra cosa que una parte del desarrollo pendiente de la última Ley de Servicios Sociales de la Comunidad Autónoma del País Vasco (año2008) que debe de definir el perfil y características de los servicios sociales a los que los vascos y vascas vamos a pasar a tener derecho sin sufrir esa discrecionalidad siempre injusta. Se regulará la financiación, el sistema de copago cuando así corresponda…etc. y aunque sigue pendiente una importante norma como es la Ley Municipal Vasca permite pensar que se retoma el camino de desarrollar los servicios a los que podremos optar y dejar establecido cuál es el nivel de gasto público al que las Administraciones Vascas van a tener que hacer frente.

Se dirá, y hay sobradas razones para ello, que el consenso exige renuncias que desdibujan el perfil político de cada actor (está mal visto eso de ceder en tus principios), pero sabemos que alcanzar acuerdos legislativos afecta a nuestro bienestar y calidad de vida. ¿Ha cambiado o no nuestras vidas la prohibición del tabaco y de fumar en tantos espacios públicos y privados? ¿Ha traído o no beneficios en forma de reducción de accidentes mortales el sistema de carnet por puntos y persecución del consumos de alcohol y otras drogas en los conductores?

Mi paradoja personal es cómo hacer convivir este convencimiento de las bondades del consenso en determinadas materias (un ejemplo fue la Ley 13/1982 de Integración Social de los Minusválidos que fue aprobada por unanimidad del Congreso de Diputados) con la defensa a su vez de lo que se viene llamando “innovación disruptiva” o ruptura creativa que muchos vemos necesaria para dar un cambio radical a esta Sociedad hoy maltrecha, desanimada y desigual.

¿Es compatible la defensa del consenso con el convencimiento de que hay que huir del chalaneo, del compadreo y del “apaño” a la hora de hacer política? No tengo la respuesta si es que la pregunta la tiene por lo que me resigno a seguir rumiando mis dudas a la espera de que alguno de los y las que me leáis podáis decirme algo.  Entre tanto vemos que la irrupción de nuevas fuerzas políticas en el escenario nos enseña que no hay nada “puro” y limpio del todo, que todos llevamos en nuestra mochila alguna imperfección o mancha del pasado y que para conseguir alcanzar las mayorías pretendidas, es decir pillar algo del centro, “todos” deben de echar algo de agua a “su” vino. Como la vida misma.