En una reciente reunión que hemos podido compartir con personas que desde atalayas y experiencias profesionales diferentes nos han ayudado a reconocer cuáles debieran de ser las aspiraciones de GUREAK en su proyección a futuro en este actual ambiente contaminado, descorazonador y pesimista que se ha instalado entre nosotros como consecuencia entre otras razones del fracaso estrepitoso de la manera de gobernar lo público, se ha afirmado que todo apunta a que progresivamente puede (y se puede pronosticar que de alguna manera así será)  emerger tímidamente la sociedad civil como alternativa autoorganizativa capaz de influir en los cambios sociales para hacer frente a retos y problemas cada vez más acuciantes.

Se partiría de la premisa de que el Estado empieza a no estar presente a la hora de proponer soluciones a los problemas de los ciudadanos. Estaríamos ante gobiernos y gobernantes que se inhiben de hecho cuando les correspondería  asumir un protagonismo propio ante situaciones extremas, inaceptables, dramáticas en muchos casos.

No están y no se les espera. Y empiezan a surgir y recuperar espacio movimientos ciudadanos olvidados o ni tan siquiera preexistentes. No sólo para conformar alternativas políticas, que también, sino para defender posiciones ciudadanas ante la inoperancia cuando no penosa actuación de los responsables políticos y de las Administraciones a su servicio.

Me viene a la memoria una referencia que encuentro en documentos recientemente recogidos en una publicación del SIIS (Centro de documentación y estudios especializado en la problemática social en general con particular atención a la discapacidad y a los servicios sociales) que recoge un debate público protagonizado por técnicos y gestores de servicios sociales de varios municipios de la vecina Navarra, en la que uno de ellos preguntaba a sus compañeros de mesa, y se preguntaba en voz alta, cómo respondían ellos a la demanda de una familia que como consecuencia de la crisis pasaba penurias que afectaban incluso a la posibilidad de garantizar una comida diaria digna de tal nombre a sus miembros. Y se decían y asentían entre ellos que de lo primero que se acordaban ante tal emergencia era de Caritas como recurso a su alcance para abordar una solución aunque fuera puntual para atacar el problema, lo que sufrían como frustración al aceptar ser conscientes de que la Institución Pública (municipal o no) en la que trabajaban no ponía a su disposición ningún medio, recurso o disponibilidad financiera en sus presupuestos para actuar y proveer al ciudadano o familia en ese trance de una solución válida.

Se puede ver como una cuasi deserción de lo público que se atrinchera en su burocracia para desde su mirar a otro lado (no otra cosa es no dotar de medios y recursos a sus profesionales en la gestión de los servicios sociales) abren y agrandan sin remedio el espacio para la organización multiforme de la sociedad civil que no deja de preguntarse qué hacer para mantener los equilibrios sociales básicos que se van perdiendo en esta caída a los abismos de la desigualdad y de la injusticia bien cerca por cierto de nuestros mismos morros, de los de todos nosotros.

Y no nos queda otro remedio que implicarnos en iniciativas como la recogida de alimentos para llenar los almacenes (me consta que ahora mismo vacíos) desde los que se asiste a la red de voluntariado que reparte alimentos a convecinos guipuzcoanos que en número de 24.500 se han visto abocados este año a disponer de esta aportación ciudadana y en los que se observa cada vez mayor porcentaje de jóvenes y de población autóctona. Es posible que alguna autoridad se avenga a condecorar a alguna de estas ONG pero las medallas no matan el hambre aunque tampoco estén de más los reconocimientos.

GUREAK aportará a finales de esta semana su grano de arena estableciendo un punto de recogida en nuestra sede donostiarra para que los que la frecuentamos podamos aportar algo tan básico como alimentación a personas que de verdad lo necesitan, constituyéndonos así en el punto 70 que se suma a 69 supermercados que se han sumado a la iniciativa, y añadiendo 10 voluntarios y 5 furgonetas para durante los dos días que dure la campaña próxima se puedan llenar esas estanterías que la política pública y la crisis tiene vacías.

Volviendo a los contertulios mencionados en el inicio de este post se nos sugiere tener presente que la historia de GUREAK no es otra cosa que un ejemplo de comportamiento de una iniciativa social surgida del movimiento ciudadano (en este caso de las propias familias congregadas en ATZEGI en defensa de los derechos de las personas con discapacidad intelectual que ha sabido a su manera adelantarse en el tiempo a la respuesta pública aunque apoyándose en ella cuando ésta ha asumido su rol de planificador de los servicios sociales.

Bienvenida sea la iniciativa ciudadana pero que no sirva para que los responsables públicos y políticos se inhiban a su costa. ¿No te parece? ¿O tenemos que volver a la venta de boletos, tómbolas, cuestaciones, limosnas, para costear lo que habíamos conseguido fueran derechos cubiertos por nuestros compromisos fiscales?