¿A quién no le gusta conocer que en determinado sitio alguien habla bien de algo cercano? ¿No es acaso reconfortarte saber que personas ajenas a tus enredos valoren positivamente lo que sucede en tu entorno laboral? ¿Qué valor tiene todo lo referente a la buena convivencia entre semejantes, diferentes pero semejantes?

Expuestos como estamos a la crítica a veces justa y otras despiadada que siempre  se pueden convertir (si queremos y somos capaces) en fuerza reorientadora hacia la mejora si uno las adopta como parte de sus estímulos profesionales, es de agradecer que alguien haga público un artículo en prensa poniendo en su pluma alguna consideración positiva de lo que ve en el funcionamiento de nuestra empresa si bien se refiere más al clima que generan las personas que lo integran que a la estructura empresarial que los alberga.

Y con la debida autorización del autor voy a reproducir lo que decía este “escritor” (que por cierto lo es) que tras muchas vueltas a la vida en distintos puntos del planeta ha recalado recientemente en uno de nuestros centros de trabajo y que en su curriculum acredita premios literarios y otros méritos demostrando una sensibilidad especial para captar lo que sucede en un entorno en el que conviven personas con capacidades diversas.

Dice así:

 

GUREAK

 

Las personas que trabajamos en Gureak tenemos en común una discapacidad reconocida. Aclaro lo de la acreditación por los tantos “capacitados” conocidos a los que las neuronas solo se les suponen. Son discapacitados a la espera de ser homologados, y cuanto más severa es su discapacidad, mayor poder ejercen. Para nuestra suerte, al no habérseles reconocido todavía sus incapacidades, en lugar de trabajar en Gureak, son presidentes, congresistas, jueces, periodistas… Y sí, es terrible padecerlos en el gobierno pero no quiero ni imaginar lo que sería aguantarlos en el trabajo, todo el día a tu alrededor, en el comedor de la empresa, también en la fila del café, hasta en el autobús de vuelta a Azkoitia.

De Gureak no puedo decir que pague buenos salarios. De hecho, ninguna empresa los paga, pero hay algo, sin embargo, que distingue a Gureak, y ese algo en su personal, su mejor activo, su mayor capital.

A quien lo dude le propongo que elija entre las tantas formas de darte unos buenos dias, si prefiere intercambiar informes metereológicos con su compañero de trabajo a la posibilidad de que venga Joaquín, colgado de una sonrisa incombustible, y te abrace y cuente que esa noche ha dormido con pijama.

¿Verdad que se agradece la diferencia?  Solo en Gureak vas a encontrar a Ander, cantando por encima de sus gafas a las petacas de paso por la líneas; sólo en Gureak es posible que Xabier, aprovechando los minutos de descanso, se marche al monte, allá donde no llega la sirena, a buscarle flores a Amparitxu.

Joaquín, Ander, Xabier, Amparitxu… son la diferencia, lo deben seguir siendo.

Koldo Campos

Escritor

 

No es la primera vez que en este blog hablamos de la riqueza ambiental que genera la convivencia con personas con capacidades diversas y dentro de ellas la discapacidad intelectual como fuente de bienestar. Este es un testimonio a añadir a los recogidos por la plataforma HAR-EMAN y al cúmulo de selfies de la reciente campaña de ATZEGI.

¿Compartimos la valoración reproducida por este escritor al que no conocíamos? En cualquier caso, nuestro agradecimiento Koldo.