En este proseguir inexorable de la vida suceda lo que suceda, se dan circunstancias que bien pueden valer un comentario. Me refiero a que esta pasada semana mis compañeros de fatigas reunidos en Asamblea de la Asociación EHLABE han tomado la decisión de buscar mi colaboración asignándome la función de Presidente de esta importante Asociación de Entidades que gestionan la búsqueda de oportunidades laborales para personas con una discapacidad reconocida de la Comunidad Autónoma Vasca a través de una vasta red de más de 100 centros de trabajo, empresas varias y programas en los que operamos  trabajamos y nos formamos cerca de 8.000 vascos y vascas. Engloba a organizaciones muy reconocidas en todos y cada uno de los tres Territorios que componen esta Comunidad Autónoma (www.ehlabe.org), con perfiles y formas jurídicas diferentes pero con la identidad común de representar iniciativas de economía social y sin finalidad lucrativa a las que nos gusta vernos en ese rol de colaboradores de los programas públicos, al servicio de una problemática social definida y en la búsqueda permanente de la mejor gestión para el cumplimiento de nuestros objetivos.

Al reencontrarme con esta nueva responsabilidad no puedo evitar adentrarme en esos espacios recónditos de la memoria y repasar las vivencias de cuando allá hace cerca de 30 años tuvimos la iniciativa de constituirnos con el nombre de Euskal Herriko Lan Babestuaren Elkartea (Asociación de Entidades de Trabajo Protegido del País Vasco) en este ente que pretendía (y veo que lo consiguió porque sigue acogiendo al 90 % de este tipo de iniciativas en Euskadi) servir de nexo entre los distintos profesionales de nuestro País que trabajamos en “esto”, apostando por un perfil de supraterritorialidad que en aquellos años de inicio de la Autonomía política tenía de alguna manera su premio por lo que suponía de esfuerzo aglutinador, dinámica de construcción de País (estaba casi todo por hacer) y vehículo para gestionar de manera conjunta nuestra representación y participación en instancias de ámbito superior tanto autonómico, estatal (Feacem) como a nivel internacional (Workability).

Este nuevo “encargo” que asumo con renovada ilusión (mal haría si no en aceptar) me viene en este no lejano fin de mi etapa profesional en el que la experiencia acumulada (años al fin y al cabo se vista como se vista) me sitúa cerca de la duda de si implicarme más o menos en las cosas o ir preparando las maletas de la jubilación como parece que la cronología propondría.

Estamos en cualquier caso en tiempos complicados en los que vale la pena reforzar lo hecho hasta ahora, analizar en profundidad los peligros que nos acechan (que los hay), seguir “engrasando” las relaciones entre entidades en las que cada una tenemos nuestra propia historia pero sabemos encontrar nuestro común denominador, y seguir teniendo capacidad para ser una voz organizada en el entramado institucional vasco con particular presencia en los programas de activación del empleo de colectivos con dificultades.

Respecto de cómo actuar en el plano estatal, tendremos que seguir ofreciéndonos para contribuir a un cambio (difícil) en un escenario en el que las grandes empresas (esas del Ibex 35 que gustan de sentarse en los palcos de los estadios con mayor potencial económico y que en algún caso empiezan a aparecer en las alargadas historias tentaculares de la corrupción) se apropian del concepto de responsabilidad social y se publicitan como abanderados de las buenas causas como si no fuera cierto que la acumulación de capitales y rendimientos es una de las primeras causas de la desigualdad social que, pregúntenle a Caritas, va a terminar comiéndose nuestra convivencia y todos los equilibrios de los que nos íbamos dotando.

Un directivo compañero de EHLABE se expresó de manera elocuente al hablar de la RSC (Responsabilidad Social Corporativa) y la necesidad que pudiéramos tener nosotros de acreditarnos en el tema diciendo que nosotros éramos como Obelix, que en una edad muy temprana cayó en la marmita donde Panoramix venía preparando su poción mágica con tal fortuna que tras quedar allí sumergido pilló una sobredosis que le dejó efectos permanentes. Nosotros, los de EHLABE, también caímos recién constituidos en la gran olla donde se gestaba la pócima de la RSC y quedamos sin remedio transformados para siempre como organizaciones al servicio del bien común en la faceta de propiciar empleo para personas con capacidades diversas.

Que no nos vengan ahora los de la Gürtel, Cofely (GDF Suez) u otros “púnicos” con la etiqueta  de compromiso social a ocupar nuestro espacio.

Para eso también se constituyó esta plataforma, y desde ella tendremos que seguir defendiendo nuestra pequeña “Galia” de los muchos romanos que nos llegan y llegarán en oleadas.

¿Estamos?