O cómo convertirnos en ciudadanos dueños de nosotros mismos y nuestro destino al menos en la medida en que nos sea posible, conscientes de las limitaciones de todo tipo consecuencia de no ser seres solitarios y aislados sino miembros de grupos que nos han venido dados (no los hemos elegido) por nuestro nacimiento, educación y ubicación en el planeta.

Hablamos de todo lo que rodea nuestra vivencia cotidiana, y terminamos siempre trasladando a un tercero que puede ser persona física o tinglado institucional o gubernamental la carga de la solución al problema detectado o la culpa de lo que sin habernos enterado siquiera se vuelve contra nosotros por las decisiones que están tomando esos otros.

¿Que hay un problema de carestía de la energía?, pues que nos lo arregle el Ministerio porque no hay derecho a que nos suban otra vez la luz y el gas. Pero a la vez que decimos esto convenimos en que no queremos energía de procedencia nuclear, ni queremos se horade nuestro subsuelo en busca de hidrocarburos. Pero eso sí, que nos bajen el coste de la luz.

Nos roban a la cara los que gobiernan las instituciones financieras principales del país y no salimos de esa especie de resignación, antes se decía cristiana, que en la medida que sitúa fuera de nuestro alcance la corrección del desastre (así al menos nos parece) en lugar de sacar a relucir toda nuestra indignación por el mal uso del dinero de todos (contribuyentes, ahorradores, prestatarios y depositarios), nos quedamos en el «qué sinvergüenzas», y «encima les seguirán votando» sin dar ningún paso en la dirección correcta que creo sería la de ir armando un estado de opinión individual y colectiva que nos llevara a todos y cada uno de nosotros a considerar que están tocando de lo mío, que están pillando de lo que no es suyo sino de todos.

Regenerarnos es en parte reeducarnos. Tomar conciencia de que cuando soy atendido en un hospital valga el ejemplo, la radiografía que me hacen tiene su coste (aunque no me lo cobren directamente), no digamos un escáner, o la atención en urgencias si tenemos la desgracia de tener que utilizarlas. Someterse a una resonancia magnética cuesta, lo mismo que cualquier intervención quirúrgica por fácil que sea. Pero no se nos educa, no se nos enseña el coste de todo ese consumo en beneficio de mi salud. Sería bueno que viéramos el coste de los servicios recibidos aunque en el total de la factura después del total apareciera «Coste cubierto por los Presupuestos del Gobierno Vasco 2014» de forma que viéramos la relación de lo que pagamos en impuestos con los servicios públicos que consumimos.

Y así sintiéndonos más dueños, más propietarios del servicio de que se trate nos saldría con más facilidad exigir el correcto funcionamiento, valorar la dedicación y excelencia profesional de los que nos tratan o plantear las quejas a las que hubiera lugar desde la conciencia de estar legitimado para ello. Y no porque pasaba por allí, sino porque soy el que está pagando lo necesario con sus impuestos.

Creo que esta indignación que echo en falta es el caldo de cultivo para ofertas de grupos políticos que sabiendo abanderar el descontento buscarán convertir en fuerza política y alternativa electoral el cabreo imperante.

Pero la regeneración que reclamo y echo en falta empieza por uno mismo y por nuestra actuación en lo más cercano. Por exigir una convivencia sin decibelios exagerados, o por llamar la atención sobre lo incívico de muchos comportamientos humanos cuando estos van en manada por poner ejemplos.

Y cuando voy a mi banco (ya no tenemos Cajas) donde gestionan mis ahorros, mis pensiones, mis créditos, quiero que se preocupen de mí y de lo que pueden mejorar en mi beneficio en lugar de ver cómo una vez más las élites políticas se arrogan el interés de todos y se meten en diatribas de si público-privado, de si obra social mayor o menor.

¿Alguien está pensando por un casual cómo reducir los costes de gestión y comisiones que me cobran por las operaciones? Parece que no. ¿Hay que buscar más beneficio para que los políticos manejen una “obra social” o hacemos algo tan social como facilitar el acceso al crédito a coste competitivo a ciudadanos y empresas, en definitiva clientes?

Regeneración. Reeducación. Conciencia de lo propio y defensa en el círculo y ambiente más inmediato de conductas convenientes. Con exigencia de que el buen uso de lo público implique la transformación y el no despilfarro en los programas gubernamentales porque si nos pusiéramos las gafas de ver dónde ahorrar y mejorar sin merma de la calidad resultante, seguro que haríamos una larga lista de propuestas de racionalización.

Tendremos que inventar pues esas gafas de verlo distinto que no es otra cosa que empezar a ver lo que es propio, lo que es nuestro, que es casi todo aunque nos lo hayan birlado.