La abundancia como cosa del pasado, y para siempre. Para nunca más volver. Qué fácil es gestionar cuando todo el entorno contribuye al crecimiento, al optimismo, y los recursos son abundantes y crecientes. Hasta los más torpes nos pudimos creer buenos gestores. Hasta nos lo decían y reconocían.

Hete aquí que ahora es otra cosa. Pesimismo en el entorno familiar, social y profesional. Incertidumbre en la mirada al futuro. Recursos escasos. Contracción generalizada. Necesidad de reducir gastos, inversiones. Y, ¿cómo se hace cuando nadie queremos perder en nuestro nivel de vida, en nuestras “derechos”, en nuestra comodidad conseguida, quizás merecida?

Me lo recordó recientemente un directivo empresarial vasco al referirse a que cuando más corta es la hierba más veces hay que pasar la guadaña para poder hacer montón. Y me lo enseñó un director comercial que fue de GUREAK, gran amigo “caído en combate”  hace dos años, con esa palabra en euskera que encabeza este texto. “Larre motzean ohituak”, los que saben pastar en prado de hierba corta. Decía que se les notaba, que lo evidenciaban. Pastar con la hierba alta es tan fácil que hasta adormece nuestras capacidades. Nos ahorra tener que priorizar, tener que elegir, tener que optar. Porque se hace fácil alimentar todo el rebaño sin mucho esfuerzo.

Los que peinamos canas (y calvas) podemos tener la ventaja de recordar cómo eran las cosas en la escasez. Cómo era pedir un crédito hace 35 años. Cómo se convivía con una inflación por encima del 20 % anual. Y seguro que coincidimos en una cosa: con mucha ilusión, con enorme ambición, tanto para el progreso personal como para contribuir a una sociedad que quería crecer, mejorar, crear riqueza para su redistribución más equilibrada.

La hierba seguirá corta, por lo que habrá que espabilar. Y eso pasa por cargar la mochila de algo que es muy propio de la juventud, como son la ilusión, la ambición, las ganas de comerse el mundo, de perseguir lo aparentemente utópico, lo que parece que queda lejos de nuestro alcance.

La escasez fue la escuela de vida de la mayoría de los que nos antecedieron, y creo que es una buena cuna para el lanzamiento de nuevas propuestas, nuevos desafíos. El que quiera seguir “durmiendo en los laureles” que tenga suerte. Y los demás a la cultura del esfuerzo, que casi se me olvidaba.