Lo dice la canción. “Queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”, porque algo tenemos los seres humanos de únicos, irreemplazables (que no insustituibles). “Algo se muere en el alma…” en boca de sus más allegados que no tienen otra salida en lo inmediato que compartir con los más cercanos esos ojos humedecidos (“pañuelo de silencio a la hora de partir”), esos abrazos del que no sabe qué decirles más que un “ahora a pasar página” y a remontar. En definitiva, “vacío que deja el amigo que se va” y que en el caso que me ocupa era un espacio de convivencia y de relación ocupado por TXIFLO como le llamábamos hasta hace unos días a un ciudadano cercano, amigo, cómplice tanto en el ámbito profesional como en el social y familiar.

Ese apodo aplicado a un Apalategui que era su apellido se remontaría supongo a su etapa escolar o juvenil en alusión a su físico fino y alargado cual silbo estrecho y largo, y al mismo se vinculaba una persona entrañable, original, distinta, atípica, que entendía la vida de “otra” manera y que en lo que a mí en particular respecta entró hace más de 30 años a ocupar su hueco en mi “paisaje”, en el medio en el que me ha tocado moverme con trabajo, alegrías, cabezonadas y algún que otro “festejo” cuando se terciaba. “Huella que no se puede borrar” sigue diciendo otra estrofa y es lo que estos días seguiremos diciendo los que así sentimos.

Y no le podré ya preguntar qué opinión le merecían las declaraciones de una Presidenta del ámbito empresarial que ha afirmado públicamente que ella no contrataría mujeres en edad fértil, en esa edad de procrear entre los 25 y 45 años según ella por la carga que supone para la empresa el tema de la maternidad. Me pierdo su respuesta irónica ante tamaño disparate y algún exabrupto para rematar el jocoso comentario.

No tan jocosa hubiera sido su intervención a propósito del tema de las Cajas de Ahorro y ese tipo de tarjetas de crédito que al parecer regalaban a Consejeros y directivos varios sin otra contrapartida que la de aplaudir una tras otra todas las operaciones de saqueo a cuenta de los clientes que se aprobaban en los órganos de gobierno correspondientes. Coincidiríamos creo en calificar de deplorable el comportamiento de esa clase política de todos los colores con representación sindical y empresarial incluida que ha hecho ese uso fraudulento de un dinero que como siempre era y es de todos porque entre todos toca ahora reponer el agujero tremendo del desastre bancario español. Pero me hubiera gustado discutir qué es más grave: el uso y abuso de esa prebenda remuneratoria al margen de controles y sin cargas fiscales según leemos, o la indecencia y podredumbre de todo un sistema que compra votos de propios y extraños para amparar las decisiones de una cúpula directiva tan cerca de los aledaños del poder (como siempre sucede en todos los escándalos que van apareciendo). Es muy grave que el “espabilado” de turno aupado al “sillón” por designio y gracia de las familias políticas haga uso abusivo de su posición, pero ¿no lo es mucho más que esto sea parte intrínseca del sistema que rige nuestro presente y compromete el futuro de generaciones que nos siguen, y que con un buen plato de lentejas (bueno de verdad por lo que parece) se asegure (porque se compra) el apoyo a cualquier barbaridad que a la élite gobernante se le ocurra? ¿No afecta esto a los cimientos de las reglas de juego constitucionales?

Y hablaríamos de Catalunya y Euskadi, y saldría su vena escéptica a salvo de patrioterismos cercanos y lejanos que seguiremos teniendo pendientes los que aún estamos en el mundo de los vivos (que no de los espabilados).

Tuve la suerte de poder cruzar unas palabras con él con 24 horas de anterioridad a su deceso y lo hice comentando cómo tuvimos que hacer uso de una empresa de publicidad (publicidad de espacios aéreos) que él entonces, hará ya unos 30 años, administraba, como paso previo a la constitución y homologación en Madrid del proyecto que luego se convertiría en Gupost y ahora Gureak Marketing. No tuvimos que desgastarnos en documentos y firmas para ir de la mano en aquella ocasión como en otras. Como esa otra ya muy reciente de hace 2 ó 3 años cuando cercana su jubilación y ante la no continuidad familiar de su actividad de correduría de seguros, me soltó sin necesidad de mucha literatura previa el reto de que si GUREAK asumía su cartera de clientes y la actividad, la ponía a nuestra disposición de manera gratuita y altruista, cosa que no haría con ninguna otra alternativa que no fuera la nuestra. Se ofreció para facilitar el tránsito y el aprendizaje por nuestra parte, seleccionamos una persona que ya formaba parte de nuestro grupo para que iniciara su proceso de formación y obtuviera las acreditaciones exigibles para el desarrollo del negocio, y a inicios de este año constituimos la sociedad GUREAK ARTEKARITZA (Correduría de Seguros de GUREAK) para gestionar toda nuestra amplia cartera más los clientes que en su dilatada trayectoria fue consiguiendo.

Por eso y por más cosas puedo decir con propiedad que este amigo no sólo ha dejado huella en lo personal sino también una actividad que hará duradero el recuerdo de quien lo mismo nos pudo prestar un globo aerostático que mantener viva una empresa. Y todo ello sin tarjetas “B”, otra manera de entender la vida que mantuvo hasta el último respiro con instrucciones precisas en su testamento vital.

Y para el despido, como el repetía: “aquí la mano de un obrero”. Agur.