No me refiero a ese film que todos tenemos en mente y que nos recreaba episodios de la antigua Roma, Nerón y crucifixión de San Pedro incluidas, sino a una de esas preguntas clave que nos hacemos cuando de descifrar nuestro propio futuro se trata.

Vivimos acostumbrados a poner sobre la mesa y con rango de derecho esa interpretación de la historia, de lo ya sucedido, de lo heredado, como punto de partida para la reivindicación del cambio en el “status quo” de las reglas que presiden nuestra convivencia. Hablo efectivamente de temas tan calientes y actuales hoy en día como el derecho de secesión, el de constituirnos en un sujeto político definido, el de ganar cotas de autonomía cuando no independencia respecto de esa metrópoli que parece simbolizar la unión de fuerzas e intereses contrarias a “lo nuestro”. Y para fijar nuestra posición y creerla defendible y exigible ante otros perfeccionamos nuestro argumentario con referencias históricas contadas de determinada manera, porque de narrar lo contrario y hacerlo de aquella otra ya se ocupará la fuerza oponente, que en muchos casos al ser la prolongación del “vencedor” ha convertido en oficial una versión también sesgada, impropia, interesada, con toda una mitología, antagónica claro, de la del “vencido”.

Es una manera habitual de conducirnos a la hora de defender el “derecho a…” cuando quizás lo verdaderamente importante es el “qué queremos para nuestro futuro”, quo vadis domine, “dónde vas señor”, “dónde vamos”, “cómo lo hacemos”, “a qué aspiramos”, no tanto porque en el pasado hallamos vestigios que nos ayudan a apuntalar este derecho como cuanto estamos convencidos, nos estamos convenciendo, de que la organización de nuestra vida colectiva e individual se merece y exige unas reglas, pautas y comportamientos de otro estilo, más justos, solidarios y a salvo de “depredadores” impunes. (por cierto: me viene a la cabeza que en los últimos desgraciados casos de corrupción estamos crucificando, como corresponde, a los que pusieron el cazo (sobrecogedores ellos), pero nadie parece que diga nada de los que “pagan”, “sobornan”, “modulan voluntades”, “redactan los pliegos de condiciones de los concursos” (los sobredonantes), es decir “untan y engrasan la maquinaria maléfica con el BOE en sus manos” que en muchos casos son empresas de esas que arman la marca España, las del IBEX, y que curiosamente han perdido estos días a dos de sus más emblemáticos líderes.

A lo nuestro. Preguntarnos dónde vamos es lo verdaderamente importante. También en la empresa. La historia nos ayuda a saber de dónde venimos y a definir en función de ello nuestra misión como proyecto empresarial, porque para “algo” se lanzó al mercado este o aquel proyecto, a “algo” definido y particular nos debemos, a un fin más o menos concreto nos dedicamos en nuestra diferenciación de otros.

En GUREAK también tenemos nuestra pequeña historia y pronto alzaremos el estandarte de celebración de nuestro 40 aniversario (1975-2015). Pero lo que debe de consumir nuestra energía y exigir rendimiento a nuestras neuronas es el responder a esa pregunta de “qué queremos para nuestro futuro”, “cómo se sostendrá nuestra MISION en ese horizonte incierto”, “cuáles serán las demandas de la sociedad para una organización como la nuestra en los próximos años”, “qué nos dirán y exigirán nuestros clientes”, “en qué medida resultaremos útiles a las familias y usuarios que confíen en nuestros servicios”, “qué deberemos hacer para mantener una organización fresca, eficiente, dinámica, ágil y competitiva”, “de qué manera seguiremos siendo útiles para la sociedad en general y para sus ciudadanos en particular”.

Preguntas que nos emplazan a nuestro futuro inmediato y que en estas fechas de entrada en el otoño ponemos sobre las mesas de nuestros comités de gestión para definir planes, estrategias y actuaciones en el 2015 y próximos, y que sobre la base de saber cuál es nuestro origen y razón de ser deben de servirnos de palanca para los cambios necesarios y para la actualización de nuestro “saber hacer”.

Como esos países que son y quieren ser nación. Que incluso reconocidas como nacionalidades en la Constitución algunos quieren mantenerlas en su perfil regionalizado. Como si el futuro no se hiciera para dar respuesta a la evolución de demandas ciudadanas sino para esgrimir dogmas e historias mal contadas.

El derecho y sus fuentes son realmente historia, y el futuro es sobre todo voluntad, libertad de pensamiento, anticipación al futuro, despliegue de nuevas ideas. Y eligiendo bien a los compañeros de viaje.

¿DONDE VAMOS LECTOR? ¿Y CON QUIEN?