Me refiero al que nos da este blog de esa manera a veces directa y manifiesta, y otras de forma más escondida agazapada e incluso íntima silenciosa y callada que es la que se corresponde con aquello que leemos sin lanzarnos a replicar reforzar o siquiera comentar.

Somos así, y supongo que así ha de ser. Se desnuda, se moja, tan sólo el que escribe que por alguna oculta razón ha optado por hacerlo, descubriéndose ante lectores que los tengo que sentir cercanos porque lo sois, perdiendo en cada aparición en escena parte del pudor que a uno le asiste, haciendo público al menos algo, una parte, de lo que se piensa, aplicando esa autocensura que frena algún impulso de ser más explícito en alguna denuncia o disparate que al menos en mi caso siempre me generan más desazón y cabreo cuanto más cercano sea el agente que altera ese mi estado de ánimo y de humor.

Entiendo que no es nada nuevo pensar que esto es así, por lo que va siendo hora de hacer lo que ya están haciendo nuestros niños y niñas, con mochila nueva algunos, que ya han asaltado el silencio del largo verano de esas aulas para ser testigos del “cómo ha crecido éste”, “qué mayor se está haciendo” acompañando al salto a una “gela”, a una clase superior a la que dejaron allá por junio. La vida que nos añade un año en cada inicio de curso a los que van a la escuela y a los que nos quedamos fuera tras acompañar a nuestros vástagos al autobús que nos dará descanso (a las amonas-abuelas me refiero) durante unas horas hasta que tengan que ir a la hora establecida a recogerlos con la merienda de “nocilla” (más apetecible que la fruta claro) en la mano.

Por lo tanto, todos al cole y nosotros al blog.

Nos despedimos allá a finales de julio diciendo que a la vuelta haríamos recuento de lo sucedido en el mes largo de vacaciones. Y la verdad es que de resumir en una afirmación, creo que se puede decir que SIGUE LA INDECENCIA y creo que de manera claramente descarada. No añado nada a los conflictos bélicos abiertos, algunos cada vez más cerca. Del comportamiento de la clase política y sus historias acumuladas de corrupción no voy a añadir nada aunque sí me hace gracia (como a muchos) que la aparición de algún nuevo caso se produzca en la antesala de cambios con mayúscula en la escena política. ¡Qué casualidad! ¿Quién abre y cierra el cajón que contiene esos dossiers tan dañinos? ¿Cómo se administra el juego de intereses y se escoge el momento adecuado? ¿Cuántas historias no habrán quedado ocultas en la historia de los cajones del poder? Y en el “regeneracionismo” que se nos quiere vender a la vuelta política del verano leemos titulares como ese que dice que proponemos reducir en 17.000 el número de aforados. Pero ¿quién ha dicho que éste sea realmente el problema? ¿Qué hay que reducir, el número de altos cargos que se juzgan en instancias judiciales distintas y lejanas de la natural, o el número de DELINCUENTES que medran y se apropian indebidamente en los aledaños del poder?

No sé si se dice aforar o aforrar pero es evidente que lo que necesitamos es reducir las posibilidades de delinquir y eso pasa como dicen los expertos más por una justicia procesalmente rápida que por el “esto es tuyo o mío”.

Bueno. Tenía ganas de decir algo y ya está, aunque los donostiarras con 16 apellidos vascos hemos solido decir que hasta que pasan las regatas de La Concha (dos primeros domingos de septiembre todos los años) no nos ponemos en serio a trabajar y generar valor, si bien la demora que espero disculpéis se haya debido a razones de índole más personal y familiar con algún episodio de poner a prueba el sistema de salud de dos Comunidades Autónomas con algún cursillo acelerado de “primeros auxilios” de por medio. ¿Seremos capaces de animar estas páginas de aquí a fin de año? Sed felices.