Todas las guerras son absolutamente malas, inhumanas, odiosas, cruentas, indecentes, faltas de ética, inmorales, ruinosas (menos para algunos claro), y cuantos epítetos de barbarie queramos añadir a los calificativos anteriores. Pero lo peor de todo es que al parecer son INEVITABLES.

Prueba de ello la propia historia de la Humanidad, empezando desde la misma historia de lo que llamamos cultura occidental y de lo que consideramos el paradigma del buen gobierno en el conjunto del planeta tierra. Es la misma condición humana la que no duda en agredir a sus semejantes cuando de defender intereses, imponer ideas, abanderar religiones se trata, y ello sin mirar a ningún otro lado que no sea la defensa de lo propio (según lo entendemos cada uno) pero donde el que sufre, el pueblo llano, se convierte a su vez en actor por impulso y decisión de las políticas “macro”, que aunque parezca que sabemos quiénes la dirigen nos sorprenden cuando con pretextos menores hacen saltar por los aires el orden mundial, y pasan a exhibir y utilizar los más sofisticados armamentos para doblegar al contrario sin ningún rubor por los daños que se causan ni por la razón última del conflicto generado.

Un misil alcanza a 10.000 mts. de altura un vuelo comercial que surca el cielo de una zona en conflicto bélico y fallecen los cerca de 300 pasajeros y tripulantes, en un ataque en el que el que ha lanzado la piedra parece que esconde la mano (yo no he sido) y nos hacen asistir por televisión a escenas macabras, en las que se disputan cosas que no tienen nada que ver con la compasión entre congéneres ni la asistencia debida a los inocentemente fallecidos cuyos restos esparcidos en pedazos de “algo” que fueron y debían de poder seguir siendo, se mezclan con piezas del fuselaje, enseres y objetos carbonizados.

¿Hay alguna autoridad a nivel mundial con fuerza para hacer algo diferente a organizar lamentaciones y hacer acopio de discursos por repetidos ya inservibles?

 

Y cerca, porque todo sucede mucho más cerca de donde vivimos que lo que a veces imaginamos, un país que para “ser” y superar históricos holocaustos y sacrificios se instala en un pedazo de tierra ocupado durante siglos por los palestinos, es decir Palestina, y para asegurar su futuro a salvo de persecuciones como las tenidas en varios siglos se constituye en Estado con el necesario apoyo internacional y progresivamente va desplazando a la población autóctona de aquella tierra hasta confinarla en reductos inhumanos donde cientos de miles de personas malviven mal nutridos a expensas de la ayuda internacional, sin solución, y en medio del fuego cruzado de sus propias y artesanales bombas frente a un gran poderío militar de la zona que cuenta además con el apoyo de la primera potencia armamentística mundial.

 

Resultado. Esto no hay quien lo pare ni quien lo digiera. Se suman nuevos “mártires” cada día como en esas andanadas militares que arrancan la población de sus casas, las condenan a su exilio a la nada, destrozan familias (algunas ni  siquiera lloran a sus muertos porque al haber muerto todos no tienen quien les llore), asistimos al espectáculo de más de 100 muertos diarios en una ofensiva “televisada” justificada en mi propia supervivencia a costa de lo que sea donde sólo vale la Ley del fuerte y la del “ojo por ojo”.

Y ¿la Comunidad Internacional? Creo que algunos ya están preparando la enésima reconstrucción y ya se oye hablar de aportaciones de millones de dólares para iniciar la misma.

Volveremos a tejer lo previamente destejido. Reconstruir lo que un misil certero ha destrozado. ¿Que hay muertos? ¿Que no sabemos qué hacer con los refugiados? ¿Que no tienen agua? ¿Que se han quedado sin hospitales ni medicinas? ¿Que los niños aprenden a lanzar piedras a la temprana edad del destete? Nada de eso importa. Todo es por la causa. Es inevitable. Y además sólo nos estamos defendiendo.

 

Así para poder ir de vacaciones, pondremos más redes y mallas antitrepa en nuestras fronteras no vaya a ser que nos inunden esos refugiados que nadie quiere en su casa y que todo conflicto bélico genera (Siria, Ucrania, Libia…etc.) y que no es otra cosa que población civil que sufre sin remedio lo que en los despachos no se soluciona y lo que los intereses determinan.

Cierro por vacaciones y a la vuelta haremos recuento de los desastres que se irán acumulando en sólo un mes. Seguro que es demoledor para nuestras conciencias.

Ah! Y ante este drama, queda ya como anecdótico que la venta en subasta del último banco español en reestructuración nos haya costado a los contribuyentes (aunque se dice que al Estado el coste va a escote, recordad) unos 12.000 millones de € ahí es nada, casi el equivalente a la suma de los recortes en Sanidad y Educación hasta el 2013.

Saquemos el short, las chanclas y la gorra del armario y salgamos cuanto podamos de nuestra rutina. A la vuelta al trabajo seguiremos siendo testigos de la indecencia.

ONDO PASA. Sed felices.