¿Pero de qué dietas?, porque haberlas “haylas” de muchos colores y clases. No sólo se llama dieta a ese tratado de pautas alimenticias que nos sugieren los nutricionistas. O es que acaso no han oído hablar de las “dietas que engordan”, de esas dietas que muchos de los instalados en puestos de renombre, representación y jerarquía, se ponen a si mismos y a los de su misma condición por asistir a reuniones, a veces vacuas de contenido, a Consejos de todo tipo incluso sobre temas de los que probablemente no tengan ni pajolera idea, y que se agregan a los emolumentos que tengan establecidos en otros  conceptos, en definitiva dietas que engordan, porque aunque no necesariamente aprieten las carnes, sí inflan los bolsillos sin más mérito que el haberle correspondido estar donde estaba y contribuir con su aplauso y mirar hacia otro lado a la aprobación de decisiones que luego nos afectan a muchos otros ciudadanos. Lo mejor de las dietas ya se sabe: es el equilibrio, es decir no pasarse y disponer de ellas en su justa medida.

 

A propósito de dietas, me he encontrado con un tipo de dieta diferente que me  ha sorprendido al verla enunciada como dieta digital. Reconozco que se me quedó clavada la vista en un titular en prensa que hablaba de ello, pero no menos sorprendente me resulto leer a qué se refería, ya que no trataba de cómo seguir dietas “por Internet” como podía parecer, sino que versaba sobre un problema de total actualidad como es la dependencia de ejecutivos, pero también de niños, adolescentes y mayores de las conexiones a las redes sociales. Navegar por Internet sin medida puede generar un empacho digital como consecuencia de tenernos “enganchados” y eso se convierte en “atender el teléfono en el baño” (3 de cada 4 estadounidenses), llevar el ipad a la cama (58%) y pasar el día conectados y pendientes del móvil (smarphone), del correo electrónico, el whatsap, Facebook o Twitter. ¿Nos gusta estar en una cena de amigos donde todos y cada uno atendemos el “chisme” sin mirar a la cara al de enfrente durante un buen rato? Hay quien ya ha dicho que los teléfonos cada vez son más inteligentes mientras que nosotros, como sociedad, nos convertimos en más tontos.

Como en todas las dietas, en ésta también se recomienda o bien un ayuno, temporal o duradero que no sería otra cosa que la desconexión del móvil durante un rato, una jornada, o como opción de vida radical que también debe de haber quien la practica (de todo en la viña…claro), u otro tipo de programa más progresivo dirigido a combatir el sobrepeso digital cambiando hábitos y comportamiento en la medida en que nos lo permita lógicamente nuestro trabajo. Decisiones que requieren como en otras dietas más “tradicionales” y “tangibles” disciplina para reducir el tiempo que se destina al mundo digital sin que sea fácil encontrar una receta que valga para todos. Cabe también preguntarnos cuánto ganan los gurús de las nuevas tecnologías (cifras tan enormes que no caben en este blog) con esta nueva dependencia que nos han (o hemos) introducido en nuestras vidas, y cuánto gastamos cada uno de nosotros en el móvil o en el ADSL.

 

Y para rematar, las dietas de siempre (como las natillas de la amona), las de abordar el tránsito entre “cómo has mejorado” al “cómo te has puesto”. Mira fulanito qué buen tipo tiene. Y menganita, que parece diez años más joven. Te conviene andar más. Es bueno para el colesterol. Si bajas peso te bajará la tensión. Y no te digo nada del colesterol (más efectivo que el danacol que nos anunzia Perurena). Prueba la “Duncan”. ¿Has hecho alguna vez la dieta del sirope? ¿Y con acupuntura? La mejor la de eliminar hidratos. Por supuesto nada de alcohol. Y un gran negocio propiciado por los que nos dejamos pillar por el sobrepeso o por la obesidad para endocrinos, dietistas, y otros congéneres.

Hay una dieta que no la veo recomendada en la red (a propósito de lo antes dicho) y que consiste sencillamente en no renunciar a nada que te guste. Lo único que tienes que hacer es convencerte de que determinada cosa “ya no te gusta”, “ya no le ves la gracia” y hay que ser tonto para tomar algo que te desagrada, que te ha dejado de repente de gustar. Es lo que hago yo. Lo hice hace 30 años cuando dejé de fumar y lo estoy haciendo ahora que he perdido 2/3 del peso que me he propuesto reducir para llegar a la jubilación sin prisa y con un peso cercano a los 82 Kg. (¿cuántos kg. te salen en el cálculo?).

El caso amigos/as lectores es seguir disfrutando de lo que nos gusta, renunciando a lo que nos ha dejado de gustar, todo para vivir a gusto y llegar al final del ciclo vital, o sea al fenecer, “con buena salud”.

Tiene narices!!!