Tengo el recuerdo de un empresario alemán, directivo en España de una empresa multinacional cliente de GUREAK, que guardaba en su casa en Madrid “trofeos de caza mayor” repartidos por paredes, habitaciones y pasillos. Y me comentaba la impresión que en su última cacería sufrió al abatir a un enorme paquidermo, un elefante, y la vibración que le llegó con el sonido del choque de la caída del mastodonte con la tierra, con el suelo. No volvió a cazar nunca más este tipo de piezas según me dijo por el impacto emocional que experimentó.

Tenemos otro caso de caza ahora de actualidad que se cerró con un “lo siento” “me he equivocado” “no volverá a suceder”.

Hoy vemos fotos y comentarios de que los elefantes en Botswana (y supongo que por solidaridad del mundo animal en otras selvas dispersas) celebran la retirada de uno de sus “cazadores”. Se trata en realidad del “pase a situación de retiro” del máximo representante del Estado que lo hace, como se supone corresponde, aplicando el sistema dinástico y nombrando “a dedo” a su sucesor lo que nos recuerda que en cualquier caso seguimos siendo “súbditos” antes que ciudadanos. Nada extraño en principio cuando el que hoy abdica también fue nombrado a dedo en su caso no por mandato divino como lo fueran en monarquías de épocas anteriores sino por “reinstauración” de la monarquía luego devenida en constitucional y de la mano (y designio) de una Jefatura del Estado que accedió a ella tras un alzamiento militar contra el poder republicano legalmente establecido. Nada que no se sepa aunque no está de más recordarlo aunque sea en honor de los que más sufrieron también entonces.

Y a esto quería llegar. Hoy hablamos todos, cada vez más y con mayor énfasis, en la necesidad de propiciar la participación de los ciudadanos en cualquier orden que afecte a nuestras vidas. Estamos en plena ola de defensa de la participación de los trabajadores en las empresas, no sólo por justicia (que también), sino fundamentalmente por lo que ello significa de mejora de nuestra competitividad cara al mantenimiento del empleo y su necesario y deseado crecimiento.

Se está exigiendo en algunos partidos políticos abrir las ventanas a la militancia, incluso a simpatizantes y ciudadanos en general, para la elección de sus representantes en la cosa pública (res pública) y la validación de sus programas y prioridades. Se pide someter a referéndum cualquier decisión trascendental. Se piensa que solo la participación y la aceptación ciudadana garantiza el buen gobierno y “legitima”, da legitimidad, a la clase dirigente cualquiera que sea el escenario en el que éste intervenga (empresarial, político, institucional).

Y se ha producido un efecto curioso. La agitación del aire producida por el movimiento en su regocijo de las orejas de los elefantes aplaudiendo están empezando a mover banderas tricolores que simbolizan el deseo de participar, la exigencia de contar con los ciudadanos en todo lo que significa gobernabilidad. Dejó de valer el “todo para el pueblo, pero sin el pueblo” y crece la exigencia de poner sobre la mesa la estructuración política del País que con frecuencia creciente da signos de necesidad de reformulación.

Necesitamos dirigentes, pero que lo sean con la carga de legitimidad que da el apoyo ciudadano y no por acuerdo oculto de ninguna “casta” que es  como parece le queremos llamar ahora al establishment. Puede (o no) que esté bien que se establezca que determinada niña, hoy infanta con 8 años de edad, sea la llamada en el futuro a cubrir funciones de importancia máxima en las responsabilidades del Estado. Pero, ¿no se debería preguntar al conjunto de personas y a cada una de ellas a las que nos afectará esta previsión dinástica? ¿No hay alternativa a los designios marcados por aquel dedo “no divino” a la hora de plantear nuestro futuro?

Pueden dormir más tranquilos los elefantes allá en su selva, pero ¿y nosotros? ¿No tenemos nada que poder decir y decidir?