Es una de las frases pronunciadas en la celebración de un éxito deportivo reciente por parte del “campeón” en una de las competiciones principales del deporte espectáculo, del deporte profesional que acaba de cerrar su ciclo anual. Hablo del fútbol evidentemente.

Tiene valor la expresión puesta en boca de quien al inicio de la competición no entraba en las quinielas como candidato a la máxima gloria, que como siempre parecía reservada a la pugna entre los pocos escogidos, en este caso dos, que entre otros atributos y privilegios tienen el de gestionar presupuestos multimillonarios, cuatro veces superiores al del club que les ha “robado la cartera” esta vez,  y qué barbaridad, hasta 10 y 20 veces las cifras de los competidores más “sufridores” que no tienen más remedio que moverse muchos de ellos en el hilo del peligro de pérdida de categoría con su consiguiente descalabro económico y social en su entorno.

Este deporte, tal como está formulado en la actualidad, consume tal volumen de presencia publica, publicidad, trasiego de dinero, patrocinadores e intereses económicos no todos confesables, que se ha de hecho convertido en el actualizado “panem et circenses” de la época romana cuando los emperadores entretenían, distraían y satisfacían al “populacho” con esos espectáculos de gladiadores, animales feroces, luchas encarnizadas, carreras de cuadrigas…etc. que con no sé qué fidelidad a la historia hemos podido ver en la pantalla de cines y televisión doméstica.

“Pan y circo” en abundancia para mantener a los ciudadanos distraídos y olvidando aunque sea en esos ratos los asuntos públicos más importantes. Y en esa desmesura estamos todos de alguna manera metidos e implicados. Unos absortos, obsesionados, otros indiferentes, tanto los que ganan como los que pierden “sufrientes” porque al final no se gana aquello a lo que se aspiraba, por lo que la distancia a la felicidad cada vez es mayor al alimentarse ambiciones que luego chocan con la realidad.

Los colores de la camiseta nos identifican cual si formaran parte de nuestro particular “genoma”, nos enfrentan con el que “no es de los nuestros”, “éste es de los otros”, y en algunas circunstancias llegan incluso a convertirse en mecanismo “nacionalizador” cuando se produce la simbiosis entre banderas (las deportivas y las territoriales). También se da el caso de que se nacionaliza al que “es muy bueno” porque cuando hay dinero al fin y al cabo cómo no va a haber papeles; y cuando hay himnos sin letra cualquiera los puede cantar.

“Yes we can” fue el eslogan de uno de los más importantes dirigentes del planeta en su carrera electoral. Si se cree… Este es sin duda uno de los cimientos de cualquier iniciativa humana, sea individual o colectiva. Saber lo que se quiere, creer de manera convencida en su importancia, en su valor, y en la capacidad de cada uno de conseguir el logro, aquello a lo que se aspira. Se trabaja… es decir se ponen los medios adecuados, se producen los procesos de enseñanza, de aprendizaje, de generación de automatismos, de colaboración, de sentirse equipo formando parte de un proceso difícil pero alcanzable, de soñar mirando a lontananza pero con los pies en el suelo. Se puede… Claro que sí. No siempre como uno se imagina. No a la primera. No si no se ponen los medios. No sin una implicación brutal y a la vez inteligente de todos. Pero todos podemos hacer el ejercicio de “quién hubiera pensado hace 30 años, cuando empezábamos, que íbamos a ser capaces de llegar donde estamos”es que ni nos lo podíamos imaginar”…

Beau. En el circo deportivo también se pueden ver, paradojas de la vida, enseñanzas auténticas del éxito basado en el esfuerzo, en la planificación, en el refuerzo psicológico, en la superación de adversidades. Y no sólo cuando se gana. También en el fracaso hay un manantial de aprendizaje de cómo crecer en la adversidad.

A propósito. Se me olvidaba saludar a nuestros vecinos de la villa armera porque creyeron, estrujaron los medios a su alcance, y ahora ven que pueden subir al máximo nivel en el que otros, es una pena, han perdido la salud (salud en euskera se dice “osasuna”). La fiesta va por barrios.

AUPA EIBAR.