Consulto con la “wiki” (wikipedia se entiende), y busco el verdadero sentido de una palabra que no sé muy bien por qué se me ha incrustado estos días en el “coco” y que no es otra que “obsceno”, que por lo que leo es sinónimo de “repulsivo” “detestable”… habitualmente utilizado al valorar comportamientos que ofenden a la moral sexual.

No tengo intención de hablar de esto último pero sí de tratar como de “obscenos” algunos comportamientos que se evidencian en público y que exigirían a una conciencia ciudadana medianamente sana su reacción de repulsa ante lo rechazable.

Me ha parecido obscena la imagen en portada de hace unos días en el periódico español de mayor difusión de un Presidente de Gobierno en “foto de familia” con la plana mayor del empresariado español en la que se agrupan hasta 17 encorbatados varones (se supone que sesudos todos ellos) sin que se atisbe en ese nivel de jerarquía del mundo económico la presencia de mujer alguna. Las habrá, digo yo, también sesudas y capaces, pero se evidencia que no alcanzan a escalar con normalidad posiciones en las estructuras de poder.

No defenderé, porque no creo en ello, que deban de aparecer mujeres para aparentar que tenemos incorporada la política e igualdad y guardar así las apariencias. Pero sí que creo que ante una obscenidad como ésta debiera de haber reacciones que agiten la conciencia de necesidad de favorecer la igualdad de oportunidades “reales” para que en el futuro las imágenes fotografiadas tengan otra composición.

Esta imagen que denuncio y que se repitió a los pocos días en otro Foro de Empresarios en Catalunya con idéntica descompensación, representaba nada menos  que 1’7 millones de personas empleadas y el 35 % del Producto Industrial Bruto del Estado.

No seguí un consejo que me dieron hace ya tiempo que era el de cambiar de formato a la hora de practicar la lectura. Pasar del formato “periódico” al formato “libro”. Y así me va, leyendo día tras otro “obscenidades” varias, como la de que 8 años después de que se produjeran 43 muertos y 47 heridos en un accidente en el metro de una importante  ciudad española,, 8 años después, se ha imputado por fin a 3 directivos, corrigiendo las primeras decisiones que cerraban sin más el caso.

¿No es acaso también una indecente obscenidad que se reconozca ahora que el Ministerio de Fomento acumula en seis años entre (según dicen) “errores”, “prisas” y “corrupción” nada menos que 10.000 millones de euros (10.000.000.000 €, es decir una cifra equivalente a los recortes anunciados en el 2012 en Educación y Sanidad) en hacer frente a los “sobrecostes” que las grandes empresas constructoras facturan y consiguen cobrar “porque sí” al erario público? Y “ai ene” (madre mía) ¡cómo se parecen las palabras sobrecoste, sobresueldo y sobrecogedor!

¿No son cosas que exigen un reproche sostenido por parte de quienes por una parte soportamos el coste de los despropósitos a la vez que la merma en la calidad y alcance del sistema público junto con la vergüenza de pertenecer a un País tan indecentemente gestionado?

Y nos podremos intentar consolar con aquello de que “en todas partes cuecen habas”. Pero hace falta algo más. El comportamiento ciudadano “no transgresor” creo que empieza por la capacidad de “autocontrol” que cada uno de nosotros imprimamos a nuestras actuaciones y para ello se requiere formación y educación en principios desde edades tempranas de la vida y conductas ejemplarizantes en su entorno. El siguiente escalón creo que lo da el “control social” que quizá sea una de las razones que hacen que en sociedades menos anónimas, de tamaño más reducido, se hace más difícil desafiar al conjunto de la sociedad sobrepasándose sin rubor en esto y aquello. Y como en otros órdenes de la vida debe de funcionar de manera inteligente y persuasora el poder coercitivo del sistema. Como en el carnet por puntos vaga el ejemplo. Que no salga gratis atentar a la buena convivencia y lastrar el futuro de las siguientes generaciones por el simple lucro personal.

¿Es posible cambiar esto sin empezar por casa, sin empezar por uno mismo?