Dicen que sí. Que efectivamente sucedió la pasada semana a tal día, tal hora y en ese preciso momento que los astrólogos establecen y nos comunican. Desligados como estamos, desnaturalizados la inmensa mayoría de nosotros de los ritos y obligaciones que han constituido, y lo seguirán haciendo en su reducida dimensión, el patrimonio cultural de los quehaceres ligados a la tierra, al agro (no en vano cultura viene de la misma palabra cultivo) los urbanitas sabemos ya poco de eso. Todo lo más conocemos las reliquias que quedan ligadas a fiestas patronales, al santoral sobrepuesto a celebraciones antiguas y anteriores.

Por eso la primavera según la estoy sintiendo este año, creo que todavía no ha llegado. Le está costando. Hemos tenido por fin algunos días de sol, pero como despistando para regalarnos una nueva andanada de esas que nos entran desde la costa gallega con viento, granizo, agua, oleaje en el mar aunque esta vez sin batir récords recientes. Efectivamente los avellanos ya están en flor como muchas otras plantas, pero es como si faltara algo.

La primavera evoca la salida del hogar de leña que nos ha calentado en invierno y la invitación a salir más al exterior, a compartir más con los vecinos y vecinas. A ir pensando en las vacaciones que se acercan. Pero ¿qué primavera si el vecino no puede sonreír? ¿Qué cara puede éste poner a la nueva estación si cuando ojea el periódico lee que los de su edad es ya muy improbable que encuentren trabajo? ¿Y cuál es la edad buena dicho sea de paso? ¿Los 25 años? Lo tienen chungo. ¿Con más de 45–50 años? Las estadísticas lo desmienten. ¿En trabajos de baja cualificación acreditando una minusvalía de más de 33%? Tiene narices, pero en un programa radiofónico he escuchado que con ese “papel” lo tienes más fácil (“mandagüevos” que diría aquel). Algo debe de haber aunque los estudios y datos son todos coincidentes en que las personas con discapacidad sufren tres veces más el problema de desempleo además de situarse casi por definición fuera de lo que se califica como “población activa”. O sea que no debe de ser una buena razón para mejorar las expectativas de encontrar un trabajo.

Y para celebrar  la primavera que dicen llegó, nos encontramos con el legado que dos ilustres políticos, uno alcalde y otro hombre de Estado nos dejan tras sus exequias. Ahora resulta que al evocar su memoria descubrimos, ojala fuera un descubrimiento primaveral y no volátil, que el consenso es virtud. Que la confrontación por sistema puede colapsar e impedir la búsqueda de soluciones. Que desde posiciones, ideas e historia personal bien distinta, se puede llegar a acuerdos que contribuyan al bien común, al bien general y compartido por todos los ciudadanos. Qué descubrimiento. Qué maravilla. Sí. Debe de ser la primavera y no otra cosa aunque a mi no me pareciera que hubiera llegado.

Por cierto. Esta misma mañana he sido testigo de un hecho reconfortante. Ha venido a nuestra oficina una persona, trabajador de GUREAK ZERBITZUAK, con una cojera aún mayor que la que trajo hace más de 30 años cuando pasó a trabajar con nosotros por cierto procedente de otra iniciativa de trabajo para minusválidos físicos en nuestro Territorio, a despedirse porque había alcanzado la jubilación completa por reunir años de cotización que sumados a la edad y a la discapacidad se lo permitían. Y lo ha hecho obsequiando a nuestro Director General a cuyo cargo ha estado durante muchos de los últimos años una reproducción hecha por él a mano de una de las esculturas de roca y acero corten de Chillida en el Peine del Viento donostiarra. Había satisfacción en ambas partes. Una por haber logrado una carrera profesional en los centros especiales de empleo obteniendo el premio de una jubilación que cada vez es más difícil porque ¿quién podrá sumar en el futuro 35 o 40 años de cotización para conseguir la pensión completa? La otra por el reconocimiento gratificante a la dirección que seguro nos anima a continuar “empleando” a muchos otros ciudadanos en “desventaja”.

Acercándose al otoño de su vida este trabajador sí nos ha traído un trozo de primavera a nuestra jerarquizada y a veces “mecanizada” gestión.

¿Veis que asoma la primavera o como a mí también a vosotros os pueden más los nubarrones invernales en vuestro ánimo? Por cierto, mientras escribo esto ha vuelto a salir el sol.