Ring…ring… “cariño… llaman” “no abras sin mirar…a ver… la mirilla…””no se quién es…” “no abras”.Toc, toc, toc. “quién será”. A los niños: “no abráis a nadie” “cuidado con los desconocidos” “y Vd. abuela lo mismo. No abra nunca la puerta cuando esté sola en casa”.

En fin. Que se ha impuesto el “no te fíes ni de tu padre”. Que no me molesten, que estoy viendo la tele. No digo ya nada respecto de cómo reaccionamos según lo que veamos al mirar por la mirilla, ese ojo pequeño de nuestra puerta que nos relaciona con el resto del mundo (o al menos con el rellano de nuestra escalera). Diferenciamos según la pinta,  nuestra percepción distingue razas, etnias y su mayor o menor riesgo de criminalidad. Claro que nadie recuerda, quizá porque no se nos dice, que los “centros de protección de menores” de aquí tienen un porcentaje muy alto de población autóctona. Es decir, están también, claro que están, los nuestros, los criados entre nosotros, porque también entre nosotros se dan problemas. No todos los que dan problemas, ni mucho menos, han venido de fuera.

Y llaman a la puerta, a la puerta de entrada en Europa. Vienen de otro continente y quieren (necesitan) vivir de otra manera. Les atrae la imagen proyectada de prosperidad, Bienestar, sistema de convivencia y cultura. Y nadie les abre la puerta. Ni tan siquiera hay mirillas desde las que distinguirlos, diferenciarlos, seleccionarlos. Hemos puesto alambradas que hace poco eran de tres metros de altura y ahora son ya de seis, hemos añadido “cuchillas” disuasorias (sin ninguna intención de causar daño claro) y se lo ponemos en verdad difícil pero aún así algunos hasta se lanzan al agua (qué atrevimiento, que osadía!!!) e intentan llegar a esa orilla en la que nosotros estamos sin haber hecho más esfuerzo que el de nacer a este lado (en el lado bueno parece), y como no les queremos abrir la puerta optamos por forzar su alejamiento de cualquier manera (¡qué no se haría si no hubiera imágenes que recorren el mundo en un pispas!). Lamentamos (falso lamento) que algunos/as perezcan ahogados/as. Que un barco-patera se hunda tras propagarse un incendio con 300 “morenos” a bordo. Y de golpe pasamos a saber que no se trata sólo de subsaharianos que huyen del hambre, de sus guerras, de su miseria, sino que hay cada vez más personas (porque lo son ¿no?) que buscan a miles un estatus de refugiados expulsados por conflictos como los de Siria, Libia…etc. Alguien llamó “primavera” a alguno de estos movimientos, pero me parece que no se trata de la que compusiera Vivaldi en una de sus “Cuatro estaciones”. Esta suena más cruel, inhumana, atroz por repetida hasta la enésima en la historia de la humanidad.

Y ahora que nos preparábamos para unas vacaciones en Crimea, vienen los rusos y los europeos, con el comercio del gas y rentables negocios en manos de oligarcas varios por medio, y nos introducen en los prolegómenos de lo que alguien ya ha dicho que será la III Guerra Mundial.

Y en este lío, ¿quién ha abierto la puerta a quién? Aquí sí que hay mirillas, pero deben de ser las de mirada telescópica de los francotiradores. Es posible que en lugar de abrir puertas se dediquen a abrir cabezas a fuerza de disparos, no para que se oxigenen y piensen mejor, sino para que dejen de hacerlo. Que para pensar ya están los de siempre, los que mandan, es decir, lo que crean y alimentan los conflictos.

Por cierto. Han llamado a mi puerta y era para recordarme que tenía que ir a trabajar. Así que no era más que un mal sueño que me conviene despejar para dedicarme al día a día como si no pasara nada. Es de verdad “a…o…onante”, pero ¿podemos seguir viviendo como si esto fuera normal? ¿Es que no hay manera de alcanzar una gobernanza mundial más justa?