Inmerso como estoy en el ambiente de las tamborradas con las que en Donosti saludamos a nuestro santo patrón San Sebastián los días 20 de enero de cada año, se me hace difícil arrancar con estas líneas y abstraerme de algo que hemos podido leer en los periódicos del día, como información que antecede a la celebración en Davos de una reunión, también anual como la tamborrada, llamada Foro Económico Mundial en la que se reúnen para “intercambiar” (peligro!) los más poderosos, los más ricos y los que quieren serlo del planeta.

Los 20 españoles más ricos tienen la misma fortuna que los 9’5 millones más pobres” hemos podido leer en prensa no sospechosa de “roja”.

“85 ricos suman tanto dinero como los 3.570 millones de pobres del mundo” leo también en uno de los periódicos de más difusión.

Me ha salido el título de ¡qué barbaridad!, pero podía haber sido ¡qué obscenidad!, ¡qué desproporción!, ¡qué despropósito!, ¡qué desgracia!, y por cierto ¡qué problema! para el futuro del Planeta y de los que lo habitamos.

Porque si a esto añadimos que esto no es más que el resultado de una manera de hacer las cosas y de gobernar el mundo y su economía (mejor dicho la economía, porque el gobierno del mundo viene por añadidura) y que se trata del sistema imperante cuya reversión no parece entrar en ningún cálculo razonable de probabilidades, no queda más remedio que considerar que esto además tiene una tendencia a exagerarse, a incrementarse, y a terminar concentrando cada vez, aún más, en manos de unos pocos el poder y gobernanza del mundo. ¿Puede hablarse de democracia (el gobierno del pueblo) en este tipo de “hábitat”? ¿Y les dice algo la palabra justicia? ¿Y la igualdad?

No tengo referencias de lo que es Oxfam Intermon que se presenta como autora de un informe sobre el tema, pero lo hace en las horas previas a la reunión citada y parece como un considerando previo a las “sesudas” reuniones y contactos de los que gobiernan la economía (es decir el mundo) como si fuera una advertencia de que ¡Ojo, que nos estamos pasando!, no tanto porque pudiera parecer injusto (no creo que este término tenga mucho predicamento en ese enclave de Suiza) sino porque el tamaño del disparate puede llegar a colapsar y complicar el propio sistema.

“La mitad de la riqueza está en manos de apenas el 1% de todo el mundo” es otra afirmación que extraigo de la lectura y que me lleva a relacionarla con una aseveración absolutamente contraria como es que la riqueza repartida, la asignación de rentas a las clases más populares, genera una economía de mayor equilibrio, de búsqueda activa de la subsistencia,  de garantía de consecución de estatus de ciudadanía para los que están aún lejos de lograrla.

Y leo “la crisis económica, financiera, política y social que padece España hoy tiene buena parte de su origen precisamente en esas dinámicas perniciosas donde el interés público y los procesos democráticos han sido secuestrados por los intereses de una minoría”.

¿Han oído hablar de los paraísos fiscales? Si existen, que existen, será lógicamente porque a éstos que se van a reunir les seguirá interesando, como otras muchas cosas opacas que se nos escapan.

Y de verdad que a uno se le quitan las ganas de seguir tocando la “tamborrada” y aunque no sea más que por desahogo, cuelgo el barril, devuelvo a su armario el gorro de cocinero, y me apresto a tratar de aportar algo desde mi trabajo a un mundo algo mejor. ¡Casi nada!