Me pongo a escribir unas líneas para cumplir con mi última costumbre de decir algo cada semana, o al menos pretenderlo, y me viene a la cabeza aquello de que “no me encuentro”, “no es mi día” que tantas veces se utiliza como excusa en el quehacer profesional y también en el deporte profesionales incluso el de élite. “Es que no me concentro”, “es que hoy no me sale”…

Os voy a dar mi excusa por si alguno la quisiera comprar. Me monté el lunes a la tarde en un avión con vuelo a Latinoamérica, como parte de una comitiva un tanto especial que participamos en un Foro de debate que versa, cómo no, sobre la crisis, sus consecuencias y las perspectivas a futuro y he aterrizado en la madrugada del martes con desfase horario de cuatro horas tras una escala intermedia al otro lado del océano y más de 16 horas de vuelo.

Me pongo ante el teclado del ordenador y lo que me viene a la cabeza es la pregunta de cómo serían aquellos viajes de muchos familiares de nuestros antepasados, que con bien poca carga material y mucha necesidad de resolver sus vidas, se embarcaban  en días y días de travesía rumbo a lo que entonces sí que sería incierto, ignoto y de elevado riesgo.

Pero se me ocurre pensar que hace no tanto no había teléfonos para llamar a los familiares, no había Internet ni cosas de esas por lo que es fácil pensar, que el que “cruzaba el charco” lo hacía con plena conciencia de que era muy posible que aquel viaje no tuviera retorno. Que si lograba “hacer las Américas” podría en el mejor de los casos pasar el aviso de que había sitio y oportunidades para que algún otro familiar, hermano, vecino o persona cercana también necesitada de oportunidades que no tenía en casa, y aquel que triunfaba podría regresar en plan “indiano” acomodado y lucir sus posibles y enfocar la última fase de su vida disfrutando otra vez en la tierra que un día no le pudo retener.

Al imaginarme las cosas de esta manera me vienen a la cabeza aquellos versos creo que del poeta vasco Pedro Mª Otaño en la que tras el “Americara noa nere borondatez…” (voy a América por propia voluntad…) se rinde a una incontenible emoción y le da a una persona cercana que también se disponía a emprender el viaje el siguiente mensaje de “baldin topatzen badek haren biderikan, esan hakiok aita bizi dala oraindikan”. Si encuentras rastro de un hijo mío que hace años emigró, dile que su padre todavía sigue vivo en la tierra de partida, no en la prometida.

Espero que alguien me corrija o complete lo dicho en el párrafo anterior, pero no había internet,  no se podía telefonear y contactar con la familia. Pero el padre del emigrante procura a través de un correo humano (otro que se despedía), que al menos el hijo supiera que su padre seguía vivo.

Hoy la necesidad de emigrar también la tenemos presente pero el desplazamiento no arrastra necesariamente el desgarro de otras épocas.

Cómo cambian las cosas. Mañana viajo (no emigro) otras 6 horas de vuelo a otro punto de encuentro del Foro, pero el sábado a la noche espero poder regresar a Donosti tras otras 22 horas surcando el cielo.

Quede como comentario desde la lejanía.