Es más fácil hacer leña que dar un encabezamiento, a estos comentarios sobre una de las peores noticias que nos han alcanzando de cerca, y de lleno, estos últimos días y horas en el plano de la evolución de nuestra economía, de nuestra industria, de nuestro modelo de actuación en el ámbito local e internacional, en el panorama de nuestro empleo y en la satisfacción de objetivos económicos personales y de toda la Comunidad.

Una de nuestras referencias más emblemáticas como es el Movimiento Cooperativo Mondragón afronta la mayor crisis de sus 50 años de historia, al tambalearse y hacer dudar de la continuidad siquiera parcial de su cooperativa matriz y fundacional, sobre la que ha evolucionado con indudable éxito empresarial una iniciativa de economía social envidiada y prestigiada en muchos ámbitos.

La crisis. La gestión de sus directivos. Su estrategia de expansión vía endeudamiento. Su tamaño, que algunos ya dicen, aleja irremediablemente la participación de los trabajadores en la gestión, uno de los elementos sustanciales en el modelo. ¿Se puede competir con costes del Alto Deba según en qué mercados?

Y tiramos de manual. ¿Es cierto que la deuda acumulada y refinanciada supera los 800 millones de €? ¿Y qué pasa con el dinero adelantado por sus trabajadores, socios cooperativistas? ¿Y los que compraron preferentes? ¿Y las reservas acumuladas con las que tenían previsto afrontar su jubilación para algunos cercana?

Y salen a la luz todas las hasta entonces más o menos camufladas contradicciones. ¿No son acaso propietarios de la empresa los hombres y mujeres que se manifiestan en la localidad que es su sede? ¿A quién dirigen sus protestas, sus quejas, lamentos, frustraciones y preocupaciones? ¿A los dirigentes que ellos mismos se supone nombraron?

Y sale a la palestra la referencia a la “solidaridad”, como seña de identidad del Grupo, entre el conjunto de cooperativas en el que destacan algunas que siguen siendo exitosas, entre aportaciones, algunas ya desembolsadas, de socios de otras cooperativas. En la distribución de reservas acumuladas en sus sistemas de aseguramiento y mutualismo para hacer frente al cierre de la empresa y pérdida de los empleos. Y ¿cuál es el límite y ámbito de esta solidaridad?

Y hablando de solidaridad, hablando de los empleos que se pierden y de personas que en consecuencia sufren, ¿alguien se acuerda de los proveedores, de esas empresas que desde fuera del modelo cooperativo aportaban y necesitan seguir aportando parte de los elementos que se terminaban por ensamblar y vender bajo la marca de la cooperativa hoy en proceso concursal?

He visto reflejada en la prensa la cifra de 600 millones de € (no la he podido contrastar) como el saldo acreedor con los proveedores externos. Sea cual sea la cifra, ¿cuántas personas empleadas, cuántos capitales privados expuestos, resultarán directamente afectados por el devenir de la empresa deudora en este caso la Cooperativa cliente? ¿Quién responde de ello? ¿Los accionistas que en este caso son los propios trabajadores? ¿Los dirigentes nombrados por ellos? ¿Llegará la solidaridad a los que pierden su trabajo fuera de la Cooperativa, o se trata de una solidaridad “intramuros” que tampoco es por otra parte poca cosa?

Todos perdemos y perderemos mucho en este viaje. Los cooperativistas implicados y su entorno más próximo qué duda cabe. También el País en general. Pero me toca hablar de ese proveedor, en algún caso como el nuestro también parte de la economía social, que tras la incertidumbre de si cobraremos o no por los trabajos ya realizados y entregados estos últimos meses, es decir debidamente facturados, perderemos  sin muchos visos de recuperación la posibilidad de sostener un importante número de empleos a ellos dedicados. Todos perdemos, y a mí me toca dejar constancia en este blog, de que este tema en el caso de GUREAK nos toca el alma, el bolsillo, y nuestra capacidad para sostener los empleos en los que estamos empeñados hasta las cejas.

Por eso mi pregunta, ¿hasta dónde llegará la solidaridad, seña de identidad de la economía social?