Uno se despierta con la radio e inaugura el día con la retahíla de noticias destacadas según criterio, evidente, ligado al sesgo político del medio que se conecta. Y se habla, hoy en concreto, de una cadena humana kilométrica que han organizado en Catalunya con motivo de la Díada los partidarios de la secesión, o del referéndum, en el señuelo de que al margen de España resolverán mejor sus problemas, que por cierto son gordos y muchos (mi saludo a mi amiga catalana que hoy se traslada a un punto de la carretera en Tarragona para llenar un hueco en esa larga línea de manos entrelazadas). De su suerte depende en alguna medida la de todos en tanto que viene a poner a prueba la inteligencia democrática de nuestro sistema político.

Aquí más cerca se nos presenta como noticia algo que clama al cielo que con la que está cayendo lo sea. Me refiero al pacto que nos dicen han alcanzado dos de las fuerzas principales del país (por cierto las que históricamente en más ocasiones han completado pactos y acuerdos) por el que se afrontarán medidas en materia de empleo, de mantenimiento del sistema público de servicios, y en materia fiscal donde al parecer se le va dar juego al Parlamento. ¿Seremos capaces de ir superando lo “foral”? Pero lo principal y noticiable es que ha habido acuerdo. Bienvenido, porque ya iba siendo hora.

Porque para desacuerdos seguimos teniendo otros más folklóricos y locales como los anualmente repetidos antagonismos entre los principios de igualdad y las llamadas “tradiciones” que escenificamos en algunos “alardes” de reminiscencias militares. O las confrontaciones en las regatas de traineras de la Concha donde hemos sido testigos de maniobras de “abordaje” intimidatorio (quedó en choque de palas) y descalificación del pretendido vencedor con su consiguiente bronca y enfrentamiento entre aficiones.

Pero para descalificación, tremenda por su solemnidad, la de Madrid y en definitiva España de su pretensión de llevarse la organización de las Olimpiadas 2020. Y todos mofándonos del nivel de inglés “café con leche” de determinada señora (el señor ni lo intentó) cuando lo que verdaderamente no es de risa, no debiera serlo, es el fracaso del sistema educativo español y nuestro que no es capaz, ni tan siquiera en el nivel de Licenciatura de la Universidad de garantizar un nivel homologable en idiomas, en plural, de sus alumnos. Vaya país que exige saber inglés a camareros y taxistas pero da títulos de licenciatura, incluso doctorados, sin acreditar suficiencia comunicativa en las lenguas en las que se desenvuelve Europa y el mundo. Así nos va.

Y por cerrar el elenco de las noticias de estos días, me sorprende la reiteración con la que estamos buscando ponernos de acuerdo en lo que se califica como “suelo ético”. Entiendo que en un entorno en el que hemos tenido “la ética por los suelos” ha llegado la hora de sentar la base sobre la que construir de manera positiva y ética nuestra convivencia.

Y hablando de ello, me ha satisfecho estos días la noticia aparecida en prensa de que GUREAK y ATZEGI mediante el programa “Pauso Berriak” hemos integrado laboralmente en ambientes ordinarios a 100 personas con discapacidad intelectual. A esto se le llama integración de personas con capacidades diferentes. Todo son noticias, pero no todas valen lo mismo.

Sigamos en ello.