Es decir, al “curro”, al trabajo, aunque esto va siendo cada vez más caro, por difícil, para muchos. “Coles” parece que sigue habiendo para todos (aunque tampoco nos los estarán poniendo más baratos) pero el trabajo, lo que se relaciona con el “ganar el pan con el sudor de tu frente” (que no con el de enfrente…) seguirá siendo en el próximo futuro un bien escaso, casi inaccesible para los que han superado cierta edad (según estadísticas sólo uno de cada cuatro españoles mayores de 45 años esperan encontrar trabajo). Y lo que es verdaderamente deprimente, indignante, y base justificada de cualquier confrontación racional con “el sistema”, para aquellos jóvenes (algunos ya no lo son tanto), casi la mitad de ellos, que en el momento de afrontar, iniciar, su recorrido vital de emancipación, de búsqueda de la vida propia, de la profesión oficio o arte sobre el que apoyar su existencia autónoma, se dan de bruces con ese tinglado de cosas que les ha cerrado sus puertas al futuro. No sabemos por cuánto tiempo pero parece que para mucho, sin que se atisben alternativas que sirvan al menos a las actuales generaciones.

Y de rebote, envejecemos, no nos reproducimos ni tan siquiera en tasas que cubran la reposición de activos demográficos (aunque esto se corrija con el dato de la superpoblación  a nivel mundial), se nos invita a buscar soluciones fuera de nuestras fronteras geográficas y culturales, y se nos culpa (qué gran mentira) de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

No hay duda a estas alturas de que la propia lógica del sistema económico nos ha llevado a financiarnos con cargo a una deuda aún hoy creciente y que se convierte en insoportable a partir del momento en que los “mercados” así lo dictaminan (no antes, porque forma parte de su propia esencia de funcionamiento y enriquecimiento),  lo que significa que hemos gastado (era, parece, lo que les convenía entonces) por encima de lo que generábamos.

Pero ¿quiere eso decir que la contrapartida a aeropuertos sin aviones, a autopistas sin tráfico suficiente (lo sabían cuando las hicieron), a sinvergüenzas exhibiendo sus lujosos yates “sin pegar un palo al agua”, es la de subir el precio de las aspirinas a nuestros jubilados? ¿Tiene algo de sentido ante el descontrol de la “prima de riesgo”, el “dale un par de sopapos al niño que algo habrá tenido que ver en el enredo”?

Como podéis apreciar, las vacaciones no me han ayudado mucho a clarificar mis ideas y sigo en este magma de confusión. Lo siento. Pero puesto a proponer una idea concreta, retomo dos ideas: una que la riqueza es el valor de aquello que somos capaces de vender a otros, y otra (ésta del 15-M) de que “ya no queda pan para tanto chorizo”. Entrelazando las dos propongo inundar el país de panaderías (no hace falta que sean tan lujosas como acostumbran), preparar bocadillos de “chorizoS”, y exportarlos a espuertas desde esos aeropuertos ahora vacíos.

Bienvenidos a la cruda realidad.