El próximo día 21 de junio, dicen que en su madrugada, se produce  el inicio astronómico del verano de 2013, en un año en el que al menos en la zona geográfica en la que habito no hemos tenido prácticamente primavera al menos en lo metereológico. Paisajes intensamente verdes, más aún de lo habitual, laderas con señales evidentes de desprendimientos consecuencia de repetidas y cuantiosas lluvias, cosechas a la espera de un sol y un calor que no llegan. Así es como recibiremos el verano de este año.

Y la puerta de entrada en la nueva estación es lo que conocemos como solsticio de verano, celebración tan antigua en el hemisferio norte como la humanidad misma, a la que en su momento se sobrepuso la fiesta cristiana de San Juan, y que en sus ritos más universalmente presentes tiene el fuego como elemento central, purificador donde los haya, para celebrar el día del año con más tiempo de luz solar.

Más horas por una parte para las tareas habituales, para comenzar a almacenar con vistas al otoño y al invierno los productos básicos más necesarios, y en nuestra actual cultura no agrícola ni rural, más tiempo para la fiesta, para la diversión, para el encantamiento. Noche mágica la de San Juan con su carga de iniciación para los más jóvenes y que en cualquier caso nos ha permitido “dar fuego” a utensilios, enseres, cartones, maderas que pedían a gritos su retirada de la circulación y usos domésticos de cada uno.

Y ¿en las empresas? No creo que ninguna de ellas esté pensando en celebrar nada especial ese día, pero sí es cierto que se trata de unas fechas en las que todas y cada una de ellas están llamadas (por norma legal y práctica habitual) a celebrar su “junta anual de socios”, de accionistas, para aprobar las cuentas y memorias de gestión del año anterior. Un poco tarde resolver formalmente la aprobación de cuentas del 2012 cuando ya ha transcurrido medio año del 2013, pero así son las cosas entre cierres contables, auditorías, consolidaciones y trámites de rigor.

No podrán las empresas hacer una gran hoguera en la que someter al fuego purificador todo lo que va quedando obsoleto, todo lo que no nos vaya a ayudar a preparar las cosechas siguientes, ni nos podemos emplazar a rodear la hoguera todos los que intervenimos en ellas, personas, trabajadores, clientes, proveedores, para saltar sobre el fuego en la esperanza de que en el mismo vayan quedando las malas actitudes y comportamientos no deseados, y pedir los buenos deseos que falta nos hará se cumplan en el futuro más inmediato.

En la ancestral cultura ligada a la celebración, se  creía que el fuego podía servir para aliviar dolores, aumentar los poderes psíquicos y el de las plantas, propiciando la fertilidad y la abundancia de las cosechas.

Hagamos las Juntas, las Asambleas, y hagamos también esa gran hoguera de la que salir más limpios y fortalecidos. ¿Quién no tiene algo que quemar, algo por lo que saltar sobre la hoguera en este solsticio?