La andadura de una empresa no deja de ser un “camino” en el que se van encontrando personas, experiencias, aprendizajes, desafíos, fracasos, y de alguna manera no es otra cosa que el “rail” que engarza la circulación vital de cada uno de nosotros. Es el medio en el que de manera permanente va transcurriendo nuestra vida, a caballo entre lo que decidimos hacer y lo que nos viene más determinado. ¿Cuánto de lo que somos y hacemos es consecuencia de decisiones conscientemente adoptadas y cuánto de ello responde a lo que nos encontramos sin haberlo propiamente buscado y decidido?

Dejando la filosofía y volviendo al “camino” se me enciende la mecha de hablar de uno de los caminos mágicos de la historia de Occidente como es el “Camino de Santiago” donde tengo algo especial que contar.

Aunque no puedo alardear de haberlo recorrido en el sentido de haber completado esa ruta de más de 800 kms, antaño de búsqueda de indulgencias eclesiásticas y beneficios espirituales y hoy en día espacio dinámico de encuentro turístico de aborígenes jubilados, jóvenes hablando distintos idiomas, y pensionistas europeos que pasean con dignidad su acumulación de experiencia (lo que otros llaman vejez), sí tengo la satisfacción de haberlo recorrido en parte encontrando, sin mucho buscarlo, amigos con los que enlazar la búsqueda de alternativas con valor social relevante como es lo que perseguimos por definición en Gureak.

Si iniciáramos el Camino de Santiago en el punto en el que se habilitó el primer “taller” de Gureak en Gipuzkoa, descubrimos de partida la colaboración cercana y necesaria de los Padres Dominicos que nos cedieron unos locales en el antiguo “seminario” existente en la villa guipuzcoana de Bergara. Allí iniciamos una andadura por caminos pedregosos en la que nos hemos juntado ya más de 4.000 personas intentando llegar lo más lejos posible, y de esta guisa nos encontramos 30/40 años más tarde nuevamente con los PP. Dominicos, esta vez en otro extremo del camino como puede ser León (en concreto en Virgen del Camino) que nos brindan la oportunidad (y el reto) de disponer de edificios en desuso para tratar de repetir la experiencia de creación de empleo protagonizada en nuestro ámbito vasco en otro entorno socio-económico como es el de Castilla-León, colaborando en el proyecto SOLTRA (Solidaridad y Trabajo)

Coincido con la afirmación de que “hacer el camino” es “hacer amigos”, y que en este andar que cada uno hace a su ritmo nosotros hemos encontrado los nuestros aunque por ahora sigamos más empeñados en la búsqueda de soluciones laborales que en el ocio activo del peregrino. Ellos alardean de sus más de 800 años de historia. Nosotros cerca de 40 y seguimos explorando caminos.

¿Se apunta alguien a compartir éste nuestro camino social-empresarial?