Vistas las cosas desde la periferia de lo que alguien llamó la piel de toro, no hay nada que nos aleje subjetivamente más del centro que la constatación de que los que mueven los “hilos” se nos alejan más y más en los momentos clave de la toma de decisiones y negociaciones entre lobbys o entre éstos y la Administración Central, y se nos acercan de manera seductora cuando de conseguir nuestra vinculación a sus decisiones, ya tomadas, se trata.

También sucede en el llamado “tercer sector”, donde sobre una base aparentemente democrática y participativa, incluso federalizada en algún caso,  se sobrepone un poder cuasi omnímodo que con su cohorte de letrados, asesores y consultorías asumen un liderazgo y un poder de iniciativa que a los distantes periféricos se nos puede hacer,, o al menos parecer, inescrutable e inalcanzable.

Se puede fomentar la participación, el debate, la apertura de ideas, el cuestionamiento de las estructuras existentes, o se puede optar como en el antiguo Egipto por la construcción de pirámides que trascenderán a su propio tiempo, y que guardarán junto con sus jerarcas los secretos de los entresijos del poder ejercido.

Será inevitable, pero no podemos aceptar sin más que algunos se arroguen el pensar por nosotros. No ha lugar para el “todo para el pueblo pero sin el pueblo” de la Ilustración. Ni que se propongan en instancias definitorias cosas distintas a las emitidas en los procesos participativos.

No se han de postular cambios en normativa específica por ejemplo sobre centros especiales de empleo que convengan, parece, al mentor principal del lobby, sin un debate abierto y profundo sobre si eso es lo que conviene al sector, al país, al modelo de gestión y desarrollo de iniciativas de generación de empleo para colectivos con dificultades. Porque se me ocurre la siguiente pregunta: ¿debe ser el lobby algo piramidal dirigido desde la cúpula con aquiescencia cuasi cautiva del conjunto, o debe constituirse más desde la idea de construir foros de participación, debate, enriquecimiento mutuo, cuestionamiento de lo hecho y lo por hacer, de reflexión sobre el modelo de gestión que queremos?

Y puedo decir con orgullo que en la periferia, también en la periferia y ésta es muy extensa, hay experiencias, hay un saber hacer, hay profesionales, hay gestores que pueden ayudar al debate conjunto que debiera además, al menos en materia de generación de empleo para personas con discapacidad, situarse en la esfera de lo empresarial más que en la cultura político-institucional en la que tiene echadas sus anclas.

O, ¿es que en la periferia no sabemos hacer cocido aunque no sea madrileño? ¿Han, habéis, probado el “maragato” por poner un ejemplo?