De verdad, ¿es posible hablar de otra cosa que no sea el drama de los miles y miles de personas que van quedando apartadas del mercado laboral, pagando los platos rotos del desastre económico en el que estamos inmersos, presos de una desesperanza que nos contagia y que tampoco contribuye a la mejora de la situación?

Se dice fácil. 6.000.000 de desempleados, 5.000.000 de ellos registrados como parados en los registros de las oficinas de empleo. 178.000 en los registros de Euskadi, y aún más cerca del que escribe esto, 50.000 parados en Gipuzkoa sobre una población que apenas alcanza los 700.000 habitantes.

Y la pregunta inevitable que nos hacemos todos es ¿qué podemos hacer para volver a la senda positiva de la creación de empleo? Porque medidas paliativas, atenuantes sociales, colchones de amortiguación puede haber y los hay aunque tampoco ajenos a la reducción de espacios, medios y recursos.

No cabe duda de que no somos los culpables de lo que sucede aunque se nos diga que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Pero eso no nos exime de pensar en cómo afrontar el problema, qué hacer en positivo, qué aportar en el plano personal y profesional.

Valga la pregunta ya tan repetida del mandatario político norteamericano que lanzaba la frase de ¿qué puedo hacer yo por mi país? en lugar del ¿qué está haciendo mi país por mí?

Para este fin de semana se espera una nutrida concentración de representantes sindicales y ciudadanos de a pie en una convocatoria pública de protesta. No cabe duda que cumpliendo los ritos tradicionales es de pura lógica que se celebre la misma y motivos hay de sobra para que resulte mayoritaria. Pero se me antoja que esto es un poco como organizar rogativas y procesiones para reclamar algo de lluvia en épocas de sequía. Mi metereólogo de cabecera no confía en este método para conseguir que llueva.

A los que tenemos alguna responsabilidad en ello, sólo nos queda aportar, desde  nuestras limitadas capacidades y posibilidades, el mejor y mayor esfuerzo en “hacer empresa” que no es otra cosa que organizar medios, cultura de gestión, sistemas de trabajo y de participación, análisis certeros, agilidad en la toma de decisiones, adecuación de personas y puestos, INNOVACION con mayúsculas, flexibilidad desde el máximo respeto a las personas, para que nuestros proyectos e iniciativas encuentren su recorrido de mejora radical de la competitividad, tanto a nivel personal a través de la formación, como a nivel de nuestras empresas en su contribución a la competitividad de nuestra sociedad y su economía.

No dejan de ser palabras, pero ¿qué más propuestas podemos añadir entre todos?