Según cómo se cuenten las cosas, pareciera que algunos flujos económicos, de fondos públicos en concreto, sólo tuvieran una dirección y en ésta el origen, la Administración, y en el destino el tercer sector, ése tan necesario pero a la vez cuestionado por aquello de que hemos llegado a un gasto no sostenible en razón a que cada vez son (y serán) menos los cotizantes al sistema y más los necesitados de ayudas y servicio por la propia evolución demográfica, por la mejora en las previsiones de esperanza de vida y por el encarecimiento de alguna de las prestaciones garantizadas.

Leía hace no mucho la referencia a un estudio, por el que admitiendo las razones que se daban, en relación a la no sostenibilidad del sistema tal como estaba concebido, se denunciaba que no se tomaba en consideración la perspectiva de mejora de la productividad de esta cada vez menor población activa. Y ponía como ejemplo que si hace unos 50 años la vinculación de fuerza productiva en el sector agrícola español era cercana al 18% , ahora suponía el 2% de la misma pero con una producción agraria en cantidad y calidad superior a la de la referencia histórica.

Y hablando como estamos del gasto social, me permito dar una referencia de la organización que yo más directamente conozco, GUREAK, para ilustrar sobre lo que sucede con el dinero público aplicado a políticas activas, es decir las que no se limitan a gestionar prestaciones sino que se aplican a la activación laboral de personas condenadas a la inactividad. Según se acredita en la última memoria anual publicada www.grupogureak.com/noticias/Noticias-Memorias.aspx el volumen total de recursos públicos recibido por todos los conceptos (gastos de mantenimiento, bonificaciones SS, inversiones…) ascendía a la nada desdeñable cifra de 38’6 MM€. Qué dispendio diría alguien. Pero hay que añadir el dato de que sólo por la consecuencia económica de las actividades que desarrollan las 4000 personas implicadas en sus programas, se retornan a la Hacienda Pública 29’5 MM€ por pago de impuestos directos (IRPF, IVA, SS…). Y aquí viene para mí lo principal. Y es que con este saldo negativo tan reducido de 9’1 MM€ se generan rentas de trabajo, es decir dinero que va al consumo de estas personas, la importante cifra de 54’2 MM€. Es una manera de acercarnos al valor en la economía del gasto (o es inversión) en el sector «social» derivado de su propia actividad y de la generación de empleo subsiguiente.

¿Y si además añadiéramos los ahorros en el sistema de pensiones, en gastos en el sistema de salud y los beneficios inducidos en bienestar familiar, personal y de la sociedad en su conjunto?