Me pongo delante del ordenador  para tratar de expresar tanto sentimientos como razonamientos en un día verdaderamente aciago en la historia de mis relaciones personales, en la intrahistoria de la organización en la que durante décadas acumulamos dedicación profesional como es GUREAK, y en nuestra posición cósmica que no nos hace fácil entender por qué suceden repentinamente estas cosas.

7´30 de la mañana. Suena repetidamente el móvil con una llamada de una compañera del equipo de dirección para decirme “Iñigo Oyarzabal hil da…” (Iñigo Oyarzabal ha muerto). No me lo puedo creer. Mis seseras no están suficientemente despiertas y abiertas para semejante  y brutal choque. Una persona, un compañero de fatigas durante 28 años que en sus últimos ocho me reemplazara en el cargo de director-general de GUREAK ha fallecido repentinamente tras una ruptura de sus constantes vitales.

8´30.- Acudo a la sede de las oficinas centrales de GUREAK, y sin […]